Un año de recorrido llevaba este establecimiento cuando hubo que cerrar por la pandemia. Ahora, en su reapertura, han tomado la buena decisión de ampliarse con una terraza para un máximo de 20 personas, mientras que el tiempo no lo impida, en una zona poco ocupada por la buena hostelería gaditana: Plaza de España y Plaza de Arguelles. Almanaque Casa de Comidas nos enseña así otro paisaje urbano.

El sitio se incluye en el círculo de jóvenes cocineros de Cádiz pero sobradamente preparados tal como indica su curriculum para Juan Carlos Borrel, que han trabajado con los mejores chefs y que al volver a Cádiz desarrolla su filosofía de buena cocina. 

La cocina de Almanaque concede un gran encanto a cada plato, dentro de una carta breve pero especial, con un ambiente sencillo, silencioso y agradable para disfrutar. Creo que el lugar –siglos XVIII y XIX- no merece otro tipo de formato.

Para empezar, tienen varias cervezas artesanas y varios vinos de la provincia. Cosa siempre de agradecer.

Como Casa de Comidas como se autodefine, utiliza nombres de platos sencillos, tradicionales, en los que todos tenemos recuerdos, y a los que los cocineros les dan su toque.

Una ensaladilla de gambas (de verdad) estableció la referencia del sabor casi siempre perdido,  junto a las croquetas de huevo duro (que me parecieron riquísimas muy originales).

Digno de comentario fue la ensalada de calabaza y naranja, con el binomio cítrico-dulce, ejemplo de plato de verduras exquisito y bien equilibrado, sin abusar de ninguno de sus avíos.

Y el plato fuerte –como en ocasiones anteriores- fue un arroz negro con ostras de Cádiz, gratinado en mesa con soplete su alioli, en paellera para dos. Muy bien el toque de las ostras, su presentación, y mejor todavía la cantidad, justa para dos personas, sin que tenga por qué sobrar arroz. Es sin duda el plato estrella de Almanaque.

En cuanto al postre, pedimos el adecuado para dos personas poco aficionadas al dulce: milhojas de piñones, que consideramos espectacular.

Y no quiero olvidar los vinos por copas como el tinto Amorro, con tintilla de Rota, criado en la bahía. Para el postre, el Licor de Jengibre Artesano de las Bodegas Mariano Cuevas, que limpió y templó el paladar, dejando un buen recuerdo de todo lo demás.

Un sitio recomendable, donde los platos tienen vida, calidad y seriedad propias que no es poco.