El tema de hoy es el encanto de un buen bar de barrio. Y el título que le pongo no es por menospreciar, todo lo contrario. Me refiero a establecimientos pequeños, familiares, cercanos, en los que los vecinos se reúnen y se sienten a gusto siempre, valorando los platos que se les pone, con o sin cocina. Es el caso del Bar Charcutería La Atalaya, situado frente a El Corte Inglés. 

Lo regentan José Rivas y su mujer Chari, que ofrecen desayunos, almuerzos de platos caseros y cenas con tapas. No tienen cocina y solo pueden calentar los guisos y el pan.

Es pequeño en su interior y solo tiene unas pocas mesas en la terraza, pero tiene buenos vinos, varias cervezas artesanas, magníficas conservas y embutidos y quesos de la provincia. Y todo ello a la venta.

Estuvimos en La Atalaya para cenar de modo informal cuatro personas y la verdad es que salimos muy contentos.

Una tapita de chorizo picante con picos vino solo, sin pedirlo, junto a la primera cerveza.

Continuamos el tapeo-cena doméstico con una buena ensaladilla con atún hecha por Chari. Aceptamos –y acertamos- con un platito de gambas. Siguió una tosta de sardina con tomate aliñado. Se solicitó también un montadito de carne mechada con queso (por cierto, llevaba queso Andazul).

En resumen, La Atalaya cumple todos los requisitos para convertirse en tu bar de cabecera. Es familiar, atento, tiene los mejores productos de la provincia, cuenta con variedad en montaditos, guarda cervezas artesanas frías, y cierra desde el sábado al mediodía hasta el lunes por la mañana. En los almuerzos siempre tiene un guiso casero, pero propio.

Tiene una clientela fiel que a veces pide a voces que amplíe las mesas, pero está claro que el sitio tiene su capacidad justa para ser atendido por dos personas. Y eso forma parte de su encanto.