Y van nueve con ésta. Todo empezó con unos cuantos románticos y nostálgicos, apostados en la calle. Igual que empiezan las pequeñas y grandes aventuras. El motivo, celebrar haber tenido un Fernando Quiñones en Cádiz,  y no olvidar lo que nos dejó: valores transversales como buena literatura, inquietudes culturales, sentido común, y un estiloso compromiso gadita que muchos años después sigue causando sensación.  Este año, con el estreno de la sede propia en el Espacio Quiñones, junto a La Caleta. 

Así nos juntamos, siguiendo a Blanca Flores y Juan José Téllez; que luego llegaron Desirée, Luci, Belén, Inma Márquez, Paco Luque, Alfonso Baro, Fernando Lobo (no sé si es el orden correcto de aparición y si falta alguien), y la Ruta se hizo cartel con diseño. Y vinieron muchas cosas más, porque Cádiz era la agenda misma de Fernando Quiñones y había que recorrerla a pie, contando, recordando sus anotaciones. Una agenda con letras de cuentos, dónde todo era importante. Era un escritor que se metía en todos los charcos. 

Ayer por la mañana empezó la Ruta en un lugar distinto: nuestra actual infrautilizada y futura peatonal Plaza de España, con café sin subvencionar, pero churros gratis, ¿eh?. Unos minutos de pie sirvieron para introducir a los novatos y saludar a los veteranos. De ese modo se dio la venia a las emociones, que aquí no hay nadie «normal» y eso se nota.

Enmedio de la exposición fotográfica de la Diputación, dónde entramos, y dónde jóvenes políticos de la Transición se nos mostraban en su esplendor, lee el tradicional manifiesto quiñonero Juan José Téllez, canta Inma Márquez y quedan «flipados» los recién estrenados de la Ruta.  Salida y marcha hacia la la Librería Manuel de Falla. Increíble lo que este local da de sí para acogernos a casi todos, y entiendo que es algo más que una librería;  sus dueños escuchan para vender, reservar libros o para guardarte la mochila en un momento de apuro.  Un espacio pequeño que se hace muy grande en densidad quiñonera desde el escaparate.

La siguiente etapa se vive en el Edificio Constitución 1812 de la Universidad de Cádiz, con el almanaque de Quiñones de fondo, recital de texto flamenco, tango argentino y chacarera, bailados por Alicristango, con las voces de Inma, Fernando Lobo y Paco Luque. Precioso pasaje con fuerza propia, que lleva gracia al aula universitaria.

Cruce de la avenida para meternos en el Parque de Genovés, con un atractivo recorrido por varias especies botánicas, maridadas con la poesía de la generación de los 50, que incluye a Quiñones, última generación poética del siglo XX. El biólogo José Cabrales describe los árboles y Juan de Paterna y su hermana buscan el contrapunto literario. Entusiasmo generalizado. Impresiones de Paterna, de nuevo, lo hace todo bien. 

Hora de cortar para almorzar. Momi, alma de la Peña Juanito Villar, instala en el Espacio Quiñones una barra de cervezas y la reserva de sus platos más significativos. Agresivo viento de levante pero sin lluvia. 

A eso de las cuatro se reanuda la sesión quiñonera. Me llaman, con José Luis Rubio y Ramón Luque  salgo a leer un fragmento de un relato de Quiñones, Cinco Historias del Vino, y aprovecho para dar mi visión personal.

Continúan las lecturas, poesía, relatos, novela, etc., con un cierre del acto por callejeras, con Sí, sí, espérame ahí. Olor a arena, a piedra ostionera, a pisos antiguos, sillas de plástico, baluartes desarreglados… esto es Cádiz.

La explicación es muy sencilla, creo yo. Quiñones inspira, Cádiz acoge y las lideresas espirituales conducen. En el aire y en la palabra están todas las virtudes que deseamos tener.

Que nos veamos en muchas rutas más. Este año hemos despedido y recordado a Luis Quintero y a Pilar Paz, quiñoneros en la nube, como Fernando.