Un edificio del siglo XVIII frente al mar de la bahía de Cádiz, con la plenitud de su luz. Podría ser un bloque de pisos por su fachada de balcones domésticos. Pero esa casa blanca y sencilla alberga un monasterio de históricas reglas, las Carmelitas Descalzas, las de Santa Teresa. Y allí viven ocho monjas, y entre las monjas una joven que podría ser mi hija, y que además tiene que cocinar a diario para las demás. Se llama Elena de Jesús.

Por ser nuestra amiga, el pasado jueves día 12, decidimos asistir a su profesión de votos temporales (terminó pues su noviciado). Durante la ceremonia, firmó por tres años, previa declaración en directo de su intención de elegir la clausura. Frases de otro tiempo: “pido la misericordia, la pobreza y la compañía de las hermanas”… Tras la ceremonia tradicional, salió a saludar a los asistentes, con manto blanco de novia y una corona de flores sobre el velo. “Por tanto he aquí, yo la llevaré al desierto, y le hablaré a su corazón (salmo 44)”. Alguien le había hablado y le seguía hablando, porque ella estaba muy feliz con su elección de vida. No me atreví a fotografiarla.

Entonces contemplamos el aislamiento, la disciplina, el cambio de ritmo, en un ser de bella juventud y preparación cultural, junto a una admirable capacidad intelectual. Todo ello se estaba derramando en un plan de vida de dura reclusión, pero rico en la búsqueda de aventuras espirituales. La clausura es un retiro que a muchos nos vendría bien en pequeñas dosis a lo largo de nuestra vida. Aquella tarde participamos del silencio del convento, de sus interiores….todo ello en el corazón de una ciudad tan bulliciosa como Cádiz, y tan lejos de nuestra mentalidad.

Pero mi coartada para escribir sobre el encuentro fue también culinaria. Porque sabemos que la hermana Elena de Jesús nos lee, busca nuestras recetas y las pone en práctica. Su cocina de interiores nos tiene comunicadas desde una dimensión mundana y ruidosa, a la silenciosa e intensa. Pero los tiempos en la cocina son iguales en ambos mundos: el ajo, la cebolla y el pimiento se comportan igual a ambos lados.

Y una cita ineludible del siglo y la clausura: Teresa de Jesús, que también cocinaba y se sentía a gusto entre los pucheros. Mujer que hoy habría sido activista, revolucionaria, reformadora (lo fue), mediática (también lo fue), y enamorada de un Dios cercano.

Grandes mujeres, sin duda, dentro o fuera de nuestro mundo. 

Y la comunicación podrá continuar en el locutorio.

Votos de la Hermana Elena de Jesús.