Josefa Pablo Rivero nació en 1926 en Aroche (Huelva), en el Cuartel de la Guardia Civil. Vivió en el barrio de Triana y murió allí mismo en el año 2016. Su hijo y amigo mío Juan Manuel, me ha traído su recetario, un librito pequeño lleno de anotaciones culinarias más o menos desordenadas, junto a notas sobre medidas de confección casera, porque Josefa, además de cocinera en casa, fue modista de hombres.

Páginas a punto de caerse, hojas insertadas –algunas con cuadrículas y otras con las dos rayas-, aquéllas en las que aprendimos a escribir en nuestra niñez. En este librito-recetario y guía entre costuras hay un poco de todo.

Abro el cuadernillo con sumo cuidado, procurando no añadir más descuido al que ya trae de su dueña, hecho a fuego lento durante muchos años. Y lo valoro como un documento de culto.

Recetas como la mayonesa, los alcauciles rellenos, el “bisté” en salsa, las patatas en paseo, el arroz con pollo, las croquetas, el puchero, y muchas otras que Josefa escribe resumidas con sus aclaraciones personales.

Y entre sus recetas, “desde el hombro abajo 32 cm de largo”, 28 de ancho, 5 puntos de liguilla, 22 largo manga, 29 ancho de espalda… y dos dedos de elástico…

Un librito que demuestra el pluriempleo femenino: cocina y costura, un documento que calculo pudo estar activo como recetario de consulta unos 50 años.

Una mujer de su tiempo como tantas otras, que además de mantener su casa con todos sus servicios (cocina, ropa, limpieza…y amor), cosió “pa la calle” por aquello de completar recursos económicos y vivir un poco mejor.

En el Día Internacional de la Mujer, quiero recordar a estas mujeres que ya no tienen voz para contar su vida.