Tiene achicharrada la garganta por culpa de un cáncer que ya es historia. El mal pasó con tanta violencia por su boca que le impide tragar comidas que no sean purés o cremas muy batidas, como a los bebés mientras les crecen los dientes. También tuvo que dejar el baile, su profesión y su pasión. Pero a María José ese primer obstáculo en el paladar no le importa, porque en esas papillas están el sabor, la textura y sobre todo el olor de los mejores ingredientes, fusionados para alimentarle.

Y al margen de sus propias limitaciones y necesidades, Maria José se dispone diariamente a cocinar, a elaborar uniones bellas y complejas para que los demás las conozcan, prueben y disfruten. La cocina es aquí un laboratorio de la aspiración a vivir, aunque sea crear para otros. Es un mundo por descubrir, es un escenario que contemplar, es un diálogo que mantener.

En casa de María José los suyos quieren comer arroces, pollo, calamares y garbanzos. Y por ellos, ella cocina todos los días, ahora que tiene más tiempo. Ahora que las horas se miden de otra manera, que la cocina espera sin estrés y que uno puede entregarse a la aventura de crear platos a tumba abierta.

María José huele la comida, toca con sus manos los ingredientes, siente con sus dedos la temperatura y huele el proceso desde el principio hasta el final. Como buena profesional, sabe perfectamente su oficio, y detecta cuando falta sal o cuando se necesita más tiempo, o la cebolla aún no está pochada. La cocina le habla, le informa, le transmite.

Desde hace algunos años, se entrega al trabajo de cocinar con oficio, con dedicación. Tiene claro que su objetivo es la felicidad de los que se sentarán a la mesa junto a ella, sin poder compartir lo que acaba de guisar, sino otro plato: un puré o una crema ni demasiado fría ni demasiado caliente, mezcla de muchos sabores que le alimentarán correctamente pero sin poder degustarlos uno a uno. No importa. El resultado de su cocina quedará en su memoria, su vista y su olfato.

Cocina para seguir viviendo por la vida de los demás, razón de más para seguir cocinando. La cocina es generosidad.

Un abrazo, Maria José.