La curiosidad platoLos lunes no son para el almuerzo en la calle, más bien sugieren la obligatoria oportunidad de comer en casa, y mejor con el famoso potaje de lentejas del que aquí hacemos gala. Entre otras cosas, la mayoría de los restaurantes están cerrados. No obstante, La Curiosidad, del chef Mauro Barreiro – en Cádiz- abre e incluso se llena.

Lo del lunes pasado fue una pequeña aventura gastronómica: consistió en  compartir en Cádiz un almuerzo en la nueva ubicación de La Curiosidad con nuestros compañeros de la Asociación Apoloybaco, una entidad sevillana que apoya por amor “a cuatro patas” las emociones del jazz, la literatura, los vinos y, por supuesto, la gastronomía.

Consistió la tournée –teniendo en cuenta que todo lo cultural estaba cerrado-, en recorrer la capital desde la calle Plocia, siguiendo por San Juan de Dios, entrando en el arco medieval de Los Blanco, paseando por las calles del Pópulo, saliendo a la catedral Nueva, atravesando la calle Columela, conociendo la plaza Candelaria, y de allí a la Taberna La Manzanilla, que ha revalidado su peso recientemente, al ser elegida como segunda mejor taberna de la provincia. Entre sus caldos y su buen local y servicio, está claro que su formato sirve y mucho en estos tiempos.

De allí al Palillero, calle Ancha y Plaza de San Antonio, todo ello con las oportunas explicaciones históricas, conociendo un poco del Cádiz del XV al XIX, hasta penetrar por la puerta de Mauro, que parecía que nos estaba esperando.

El espacio de comedor de La Curiosidad tiene capacidad para un máximo de 20 personas, en un ambiente sencillo y recogido.

Escogimos un menú de degustación de 8 platos, de lo que no nos arrepentimos, porque vivimos la intensidad y variedad de los mismos, llegando con perfecta holgura al postre.

Comenzamos con una degustación de aceite de oliva virgen extra, para un pan exquisito de centeno, si bien contaban también con el clásico pan blanco.

La Curiosidad Apoloybaco2Hubo algunos cambios sobre el menú fijado, como ocurrió con la Morcilla ecológica con espinacas, que nos encantó. De gran creación “plástica” podemos definir el arroz con tomate seco y frito con mayonesa de frutos y salsa barbacoa.

Seguimos con langostino acevichado con huevas de pez volador, macerados en jugo de mandarina, wasabi y aguacate, con crema de galeras. Plato suave con sabor a cítrico y muy agradable al paladar. Todos estábamos de acuerdo.

Huevo ecológico a baja temperatura con emulsión de queso payoyo y migas de chicharrón con aceite de oliva virgen extra y base de guiso de ibérico con toque de oloroso. Los platos ya se fueron haciendo más complejos, como éste, con un buen resultado final.

Seguimos: canelón de poularda y sets con salsa romescu. Este plato nos encantó a todos, tal vez el mejor.

El plato de pescado lo representó la corvina con crema de coliflor, bizcocho de algas, velouté de pollo al ajillo….¡excelente!. Aquí hubo discusión sobre si era corvina o corvinata, pero el plato estaba espectacular.

Y se cambió a carne; con pluma ibérica con crema de calabaza, habitas, toque de ajonegro, exquisita.

El postre, al que llegamos muy bien, consistió en una tarta de queso y yogur, con flor de salvia de piña, a baja temperatura, con fresas y vinagre de Jerez, crujiente de sésamo y sopa de cítricos y mandarina.

Y acabamos con crujiente de arroz con leche, en una interpretación muy personal del plato.

Los vinos elegidos fueron el blanco Mirlo Blanco (Bodegas Tierra Savia, Constantina, Sevilla),  el tinto Mahara (Bodega Vinificate), y PX Don Guido (de Williams Humbert) para el postre.  En el grupo había más de un experto.

Una buena experiencia sin duda el almuerzo en La Curiosidad, con una  combinación de sabores con gran resultado final, en exquisitez y dosis justa.

Teníamos una cita pendiente en la cafetería Royalty, de la que les habíamos hablado de sus famosos picatostes. Allí acabó la jornada gastronómica gaditana con Apoloybaco, no sin antes comentar la particularidad de nuestros cañones, esquinales y guardacantones, apostados como protección en la mayoría de las esquinas de nuestras calles del centro.