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Hoy día 5 de diciembre se celebra el Día Internacional del Voluntariado. Esta celebración fue decretada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 40/212 de 17 de diciembre de 1985. Ser voluntario es ayudar a los demás a cumplir sus sueños.

Ya antes de la crisis habíamos vivido activamente el mundo del voluntariado, acercándonos a diversas entidades sociales y creando un proyecto de voluntariado de cocina, llamado Cocinando Tu Futuro, que se ha desarrollado a lo largo de cinco años y que continúa bajo el nombre de nuestra Asociación Comeencasa.

Pero hay que decir que con la crisis el estilo de voluntariado se ha profesionalizado mucho más, y además se han incorporado más personas voluntarias para ayudar a resolver muchas más necesidades.

El perfil del voluntario es muy dispar: desde jóvenes veinteañeros que animan con su entusiasmo y capacidad física la labor solidaria, hasta personas de ochenta años que con su experiencia y conocimiento engrandecen el trabajo desde el acompañamiento o la gestión.

Sí es cierto que son muchas las mujeres dedicadas al voluntariado: jóvenes estudiantes, profesionales jubiladas o amas de casa, algunas abuelas, que tienen en su día a día muchas obligaciones domésticas, y que, no obstante, colaboran de modo permanente en diversas tareas voluntarias, entregando su tiempo y su comodidad para hacer este mundo un poco mejor.

En comedores sociales, en roperos solidarios, en los economatos, en las asociaciones de enfermos, en tareas de formación, y en miles de sectores más, sin olvidar en las situaciones de graves crisis humanitarias, en que los voluntarios -prescindiendo de ideologías- ofrecen a diario con su trabajo, un rayo de esperanza en una sociedad que a bote pronto parece y aparece deshumanizada, cuando en realidad no lo es gracias a ellos.

Hoy, el Día Internacional del Voluntariado nos debe recordar que con estas personas se cumplen con rapidez y eficacia los objetivos que tardarían mucho en resolverse sin ellos, solo con la acción de la Administración o de los Gobiernos. Un voluntario es un eslabón imprescindible en la cadena de gestión solidaria. Y la sociedad nunca le estará suficientemente agradecida.

Y con su trabajo, los voluntarios crecen como personas, porque conocen de primera mano todas las realidades sociales.