Coincido con mi admirado Muñoz Fossati (periodista con mando y prologuista del libro): tampoco pertenezco a la primera generación de niños mimados de España. Y así me lo demuestra la lectura del libro “Ya vendrán tiempos peores” de mi amigo Pepe Landi. Hecho que tardé en descubrir, a medida que fui rebasando años difíciles en pro de una presunta madurez, observando las costumbres y facilidades vitales de esos amigos presuntos “hermanos menores”. Relacionarnos con ellos –diez años más jóvenes- es siempre una oportunidad que da la vida.

Y digo yo que lo bueno y lo malo vivido suele compensarse de modo autónomo en la montaña rusa individual. Y que el supuesto sosiego de algunos pocos años conduce normalmente al sentido común por pura querencia.

La obra de Pepe Landi describe en 22 capítulos su vida en relatos ejemplares, en el escenario de la ciudad de Cádiz, con sus realidades del pasado y del presente, con un futuro aún despreciado. Repasa la década de los 80-90 con todos sus hitos, pero a la luz de hoy, lo que enmarca la belleza y el ridículo de otros tiempos. Todo vale para definir por qué hemos llegado hasta aquí, ya que los mayores estábamos en otros quehaceres supuestamente más serios.

El inicio del curriculum profesional, del amor, de las amistades, de las aficiones propias, de los riesgos callejeros, pero también de los peligros del desnudo en las redes sociales, hacen que al final todos nos veamos reflejados en este libro de tan buen y duro lenguaje. Es cuestión de imaginar otra versión actualizada y/o corregida, pero basado en los mismos hechos reales.

Siento deseos de responder –a modo de ensayo- a cada descripción, a cada historia del libro. Los acontecimientos suelen ser simétricos aunque no en intensidad y matiz. Cada generación debería escribir sobre sí misma, a modo de monólogo y recurso, para que podamos negociar el presente y prevenir defectos colectivos futuros que podrían ser irremediables.

He leído el libro lentamente, a capítulo diario, mientras esperaba el pitido de la lavadora o de la cocina por el potaje del día siguiente, y además con una dolorosa lesión muscular vivida sobre el sofá. Pero he disfrutado informándome generosamente de la mano de Pepe Landi, que profundiza magistralmente con saña, humor y detalle de sus vidas parciales, y que es de agradecer. En esos años yo no pensaba en Cádiz, por eso me faltaban 20 años de esta ciudad, para completar el álbum de mi adicción a ella. Otras obras de autores gaditanos me han regalado su macrohistoria y ahora Landi, con su “Ya vendrán tiempos peores”, me trajo la microbiografía, a pie de calles, barras de bar, arenas de playa y maquetación periodística. Ahora entiendo su carácter final, sus virtudes, fortalezas y debilidades, pero también su vocabulario.

Describir una sociedad que madura con sus primeras mentiras administrativas buscando plazas escolares, recordar la evolución de la hostelería –más humana y cercana que la de hoy-, o el encierro en las salas de cine, el deporte pasional o el primer coche y su despreocupación, no son más que la confirmación de que tal vez esta generación “mimada”, ha pagado por anticipado las estrecheces y dificultades futuras.

Nada más peligroso que un periodista escritor autobiográfico. Le advertimos que el contenido del libro «Ya vendrán tiempos peores»  podrá ser utilizado en contra (o a favor) de nuestros principios de siempre.