sopa de fideos platoPocos blogs se fijarían hoy en mí, dada mi naturaleza humilde, discreta y casera de mesa camilla. Seguro que dirán que estoy pasada de moda, o que solo doy servicio a la tercera edad. Pero que sepan ustedes que yo también soy restrictiva con el instrumental, no me junto con cualquier plato: exijo una mínima decoración que hermosee la mesa (atención al buen gusto de la cenefa en la foto). Así me he dejado fotografiar en esta imagen de portada serrana y nocturna, en un contexto de amistad y cariño. Solo trabajo si lo exige el guión. Soy un plato con mucho sentido. Atrás quedan los superficiales.

Mi historia tiene cierto contenido: mi ADN fundacional está en un caldo de puchero de verdad –agua, carnes, huesos, verduras, que son mis principios, no como otros-. De allí también llegaron los garbanzos, los justos. Me llevo estupendamente con ellos, desde siempre.

Caldo y garbanzos empiezan a trabajar para mí, cociéndose en una olla mediana, con buena voluntad, a fuego medio. Mientras, se hierven unos cuantos huevos para ser duros, que luego nos acompañarán en trocitos, así como un jamoncito de verdad, finamente picado, con glamour. Empieza a oler en la cocina y yo diría que en la casa.

Y entonces entran los fideos, en su menor calibre, a puñaditos. Todavía secos, se introducen en esa marmita que calienta el ambiente, y que luego culminará con la hierbabuena y la sal (poca, por respeto a la clientela de sopas).

Los fideos juegan pocos minutos, no necesitan demasiado tiempo, pero ponen la guinda en la olla, marcan el tanto del mejor resultado. Mientras me pongo a punto alguien va poniendo la mesa: mantel planchado, platos, cubiertos, vasos, el cestillo del pan cortado, el pequeño frutero lleno, el agua o el vino, y un oportuno salvamanteles (apartador decía mi madre).

Cuando llegue a la mesa seguramente me encontraré con una ensalada de tomates, a quienes saludaré como socios en la salud y en la enfermedad. Solo pacto con caballeros.

Una vez asentado me recibirá un cazo de acero inoxidable, que hará los honores a invitados y mayores, por este orden. Y en cuanto todos estén servidos, empezará una conversación relajada, sencilla, comprensiva y atenta. No soporto la mala educación.

Mi caldo de verduras hidrata al cansado, enfermo y al organizado en sus calorías; mi huevo duro aporta la proteína de mejor calidad; los garbanzos contribuirán con fibra y el nutriente de la felicidad; la hierbabuena traerá un aroma imprescindible para crear confianza de hogar; y, la pasta viene con sus hidratos de carbono de mínima presencia, pero necesarios para completar el contenido y el título del plato.

Ya soy especie a extinguir, en una cocina loca por sabores sobrecargados y exceso de proteínas y complejidad. Aun así, sigo siendo necesaria sin lugar a dudas.

Sospecho que me han invitado a aparecer aquí, por romper (con una actuación auténtica), las salidas tapeadoras que tiene la editora de este blog de nombre Comeencasa. Es que yo no suelo colaborar con la hostelería.

Pero en internet solo enlazo términos como voluntad y cariño en la cocina. Y no tengo tiempo para facebook, puedo salir muy quemada.