¿Cuál es el futuro del gazpacho doméstico? Parece mentira que un plato tan simple pero tan especial, arraigado en nuestra cultura gastronómica haya sucumbido a la preparación industrial de un modo tan contundente. Son ya muchas las marcas (de supermercado y de distribuidor) que podemos encontrar en los lineales, con gazpachos elaborados y diferentes mensajes comerciales.

¿En pleno caluroso verano, cuál es su estado de ánimo frente a tanta competencia?

Pues ya lo ve, estoy bastante preocupado. Una cosa es convivir con los gazpachos envasados en minoría, listos para lo que se llama un desavío, y otra cosa es que las noticias solo recojan análisis y anuncios de marcas de gazpachos como protagonistas de nuestra compra. Casi que me deprimo un poco.

Lleva usted razón: precisamente acabo de recoger de mi buzón uno de esos folletos publicitarios de los supermercados. Y en la portada, ofertas de gazpachos y salmorejos…

Así es, la industria quiere reproducir la elaboración casera, vendiéndonos el producto como natural, cuando un gazpacho hecho en casa tiene siempre mejor sabor y calidad, aunque saldrá más caro que el industrial, salvo excepciones. Además, yo no necesito envases, me acomodo en el ajuar doméstico.

¿Cuál cree que es el origen del éxito de estos gazpachos?

Sin duda lo que te venden es la comodidad, porque ya te lo dan hecho, listo para beber. Y por ello se “subcontrata” un plato propio de casa, que se convierte en industrial, con marcas diferenciadas. De esa manera se neutraliza el valor del cariño y el fundamento al comprar los ingredientes.

¿Entonces usted es otra víctima del distanciamiento alimentario?

Si señora. Los envasados pierden sin duda su representatividad como símbolos rurales, de la tierra y de la tradición. Y al final, el que los compra no tiene muy claro los componentes y sus características. Cada vez sabemos menos de lo que estamos comiendo.

¿Y qué ofrece usted para diferenciarse? La competencia es la competencia.

Lo principal es el conocimiento de los ingredientes desde el origen, las variedades, calidades y disponibilidades. Luego, al llevarlos a casa, nos mostrarán su aspecto, sus aromas, y al mezclarlos, soltarán su espléndido sabor que me caracteriza. En mi refrigerado en nevera estoy prometiendo un festín de salud, hidratación y vitaminas, que luego en la mesa demostraré.  Yo puedo prometer y prometo.

En casa, cada gazpacho es un gazpacho de autor, único e irrepetible y adaptado al gusto de cada cual.

¿Pero el tiempo en la preparación es el mayor escollo, no cree?

Los tiempos de hoy son mínimos, al contar con las nuevas herramientas: batidoras y robots que facilitan mi elaboración; neveras que enfrían y prolongan mi vida y cantidades a discreción que permiten compartirme con todos los de casa. Como comprenderá, el tiempo aquí es o debería ser un factor irrelevante.

¿Y cuál cree que es su futuro?

Bueno, ahora que tengo mentores (incluso una Academia), ahora que los tomates van ganando prestigio, igual que el aove o el vinagre, por ejemplo, ahora yo me siento un tanto ninguneado, cuando me las prometía muy felices hace poco.

Hay que aprender a amar el gazpacho como una obra culinaria de amor y de cultura.

¿Algún comentario más?

Hacer un gazpacho no es nada complicado: tomates maduros, ajo o cebolleta, pimiento verde, pepino, algo de pan, sal, buen aceite y buen vinagre. Una sopa fría que es una joya gastronómica y nutricional, que hidrata y alimenta.

Mi mayor reto ahora es tratar de enamorar al hacedor de gazpachos en casa, ganarlos para la causa. Que sepa que si se decanta por los envasados, nunca disfrutará igual. Yo siempre sé lo que llevo dentro, el preparado no.