Lentejas de bienvenida copiaPasar el “charco” Atlántico, llegar de nuevo a este sufrido país, a Sevilla, al barrio, acercar el Facebook de los amigos, visitar la cervecería y que te conozca el camarero, sacar los zapatos nuevos de marca que costaron más baratos allí, hacerte la foto con los colegas, dormir de nuevo en tu cama…. todas son sensaciones soñadas y deseadas durante meses, que ahora empiezan a hacerse realidad.

Y enseguida llega el momento de sentarse a la mesa. Tal vez se habían olvidado aromas, colores, manteles, etiquetas de vinos, incluso el estilo de los platos. La memoria debe ponerse en marcha de nuevo. Las servilletas hablan y sugieren.

¿Qué tenemos para comer?. Lentejas, simplemente. Un plato al nivel justo del plato hondo y la ración justa. Ya en la cacerola olían de maravilla. Se hicieron mientras se recogía la cocina, se regaban las macetas y se ponía una lavadora. Las lentejas son compatibles con casi todo, consumen poco tiempo, poco agua, pocas verduras, poco aceite…. y, sin embargo, lo dan todo, todos salen contentos de su actuación.

No recibimos al visitante con salsas sofisticadas, ni platos complicados de nombres raros. Las lentejas son una garantía por su lenguaje universal, y quedan como señoras una vez servidas: discretas, sugestivas, compactas….solo unas patatas sobresalen en la superficie.

A mi hijo, que vuelve de trabajar de muy lejos, lentejas como plato de bienvenida el lunes.

Mañana, seguramente salmón.