Todo empezó hace muchos años con la colección de recetas de Arguiñano, publicadas en Diario de Cádiz. Muchas de ellas aún las pongo en práctica en casa. Eso sí, siempre hice una selección de las más sencillas y de las más adaptadas a mi modo de comer por los ingredientes de esta parte de España, el suroeste. Luego fui haciéndome de enciclopedias coleccionables monográficas de ingredientes: pescados, verduras, arroces, carnes, postres….etc. Al final, te enganchas a libros que defienden un tipo, un estilo de cocina y prescindes de todos esos contenidos exagerados. Porque te das cuenta de que preparar la comida no requiere tanto material. Hoy tengo dos estanterías dedicadas a obras relacionadas con la cocina diaria de recetas, la gastronomía, la cocina regional, conventual, mediática, social, dietética, infantil y antropológica. Todo un mundo para consultar.

Y con esas clasificaciones he distribuido mis libros. Empezando por las enciclopedias básicas de cocina, sus conceptos, su instrumental, sus medidas y su vocabulario. Aquí vienen varios libros antiguos reeditados, que siguen estando vigentes. A continuación vienen los libros dedicados a la cocina regional española, sobre todo andaluza y murciana, y algunas obras dedicadas a ingredientes. Cuento con libritos que recopilan cocinas de la sierra y de la costa, de la fresa y del marisco, de las aceitunas y de las berries, del atún, del salmorejo y de zonas como Huelva (uno de los mejores). Estos títulos son una delicia, con sus recetas e historias.

Luego tengo colocados los libros de dietas, nutrición, alimentación sana, infantil y para otros momentos de la vida. También algunos dedicados a la anorexia y celiaquía, que también están a la orden del día. Además, cuento con algún ensayo sobre historia de la alimentación, estudios sobre antropología con grandes autores y sobre hábitos de comida saludable. Cierran esta estantería los libros dedicados a la historia de la cocina según sus grandes mentores, así como a la evolución del modo de cocinar a través del tiempo.

Pasando ahora a otro mueble, tengo los libros de cocina mediáticos, basados en series de televisión de otros tiempos, así como los recetarios conventuales –buenísimos todos- , en los que siempre encuentro algo interesante. Y termino con algún coleccionable de otros tiempos y con libritos simpáticos como cocina para solteros, para mileuristas y para hijos emancipados. Hay libros para todos en el mundo de la cocina.

No obstante, a la hora de comprar obras sobre cocina ahora soy mucho más selectiva. No solo son recetas, sino modos de afrontar la cocina diaria, filosofía del uso de los ingredientes y actitud ante la mesa.

Está claro que cuanto más intentas saber, te das cuenta de que más ignoras de este mundo maravilloso. Y adentrarse en la historia de los fogones y de las circunstancias que lo rodean es apreciar el valor de lo que comemos y de lo que nos alimentamos para seguir creciendo física y mentalmente.

¡Ah! Y para los que no lo sepan, decir que también tengo mi libro propio: “Los lunes, lentejas”, un modesto recetario con trucos, consejos y una dieta equilibrada para quince días, supervisada por expertos. El libro se publicó a beneficio de la enseñanza de la cocina para poder trabajar en el servicio doméstico, aunque puede servirle a cualquiera que quiera iniciarse en este oficio.

Vivo rodeada de libros y de recetas apuntadas por los rincones. Me faltan estanterías.