Más de una vez he sido cicerone: amigos y compañeros de trabajo me han preguntado por sitios donde comer, tapear o salir de copas en su visita a Cádiz, una provincia que siempre cae bien. Por no hablar de lugares relacionados con la industria o rutas gastronómicas, como focos de interés cultural.  Pero no siempre he estado actualizada. Pues bien, ahora por primera vez en Cádiz y en Andalucía, contamos con 18 guías gastronómicos, profesionales preparados para informar y mostrar los lugares más significativos de nuestra gastronomía. Estos jóvenes han realizado un curso patrocinado por el Centro de Iniciativas Box del Ayuntamiento de Chiclana, impartido por el monitor Benjamín Colsa, bloguero y apasionado de la gastronomía. El curso –de 50 horas- ha sido todo un éxito, con listas de espera por la limitación de cupo.

Es evidente la relevancia que en la provincia de Cádiz está alcanzando el sector de las buenas industrias alimentarias, junto al sector bodeguero y la hostelería en general, más allá de nuestras fronteras provinciales y nacionales, como se refleja en proyectos ya existentes o en otros de nueva creación. Todo ello conforma un tesoro gastronómico del que sentirnos orgullosos. Pero este valor hay que saber mostrarlo, comunicarlo y venderlo de modo independiente de las demás parcelas turísticas culturales.

 Y aquí es donde nace el proyecto. Es frecuente que el visitante al llegar a la ciudad pregunte al taxista de turno o al recepcionista del hotel por sitios donde comer. Porque el turista no solo quiere ver museos, playas, monumentos, sino también llevarse el recuerdo de sabores y olores de la rica gastronomía del lugar, auténtico patrimonio cultural inmaterial.

Esta primera promoción de guías gastronómicos tiene ante sí inmensas posibilidades para transmitir. Según Benjamín Colsa, su formador, ayudarán a las  administraciones a elaborar planes de puesta en valor de la gastronomía y el turismo industrial; realizarán el acompañamiento personalizado de visitas guiadas a los bares y restaurantes de la localidad para personas o grupos. Potenciarán el turismo industrial a través de la visita a industrias y fábricas para conocer de primera mano la elaboración de los productos gastronómicos. También asesorarán a empresas turísticas en la organización de rutas gastronómicas, fomentarán los  mercados centrales (enhorabuena), e incluso podrán montar su propia empresa con ofertas de turismo gastronómico o de vinos, fuertes símbolos de nuestra tierra.

Es un acierto contar con estos agentes valedores de la gastronomía, que deberán estar en continua formación, pues cada dia nacen nuevas iniciativas o proyectos, que el guía gastronómico dinamizará con nuevas experiencias vinculadas a ese mundo. Un diploma acreditativo de la formación recibida, además de su constitución como grupo en las redes sociales, les servirá para estar en contacto con el resto de guías e intercambiar información.

Se trata de conocer previamente las necesidades del grupo de visitantes, marcando unas líneas: gustos, edad, tiempo disponible, etc. elaborando contactos e ideas de visitas, procurando que éstas sean las más originales, menos conocidas, (cocederos de mariscos, rutas del vino o catas de productos innovadores, etc.). De este modo el turista sentirá que está viviendo experiencias exclusivas, únicas, inolvidables, llenas de emociones. Y desde luego, Cádiz tiene material más que suficiente para ello: bodegas, almadrabas, hoteles, queserías, conserveras, algas marinas, ventas históricas, gastronomía doceañista, etc. Mucha suerte para todos ellos.