Tras este torno recuperado (tal vez siglo XVII), regresará en breve la vida de oración, de trabajo callado y de cocina comunitaria. Tras las obras de reforma de lo que fue la Casa del Capellán, vuelven a su casa las monjas del Monasterio de Santa María de Cádiz, 16 años después, con una cocina más pequeña y actual. 

La antigua cocina, la que usaron en sus 500 años de vida, tendrá que esperar de momento a que haya dinero para su rehabilitación.

Tal vez en la moderna cocina que espera a las madres Concepcionistas se preparen dulces para vender, lo que favorecerá su economía. Los vecinos lo están preguntando ya. Nada como sus madalenas y su Pan de Cádiz. La gastronomía de los conventos es el gran medio de comunicación de la clausura con el mundo actual. El barrio recupera a sus antiguas vecinas.

Ampliamente recogido en la prensa local: las monjas concepcionistas del Monasterio de Santa María, de Cádiz tuvieron que salir de allí en 2006 porque se les caía el edificio, por ruina. Ahora, gracias al trabajo impagable de la Asociación de Amigos del Monasterio, vuelven a su casa tras la reforma, y habitarán una pequeña parte del gran edificio de 3.000 metros cuadrados, en lo que fue Casa del Capellán, ahora convertido en un mini Monasterio.

Volver a la vida monástica, con clausura absoluta, en un barrio dónde fueron parte de él; dónde su aljibe proveía de agua a los vecinos, sin agua corriente; y recordar cómo enseñaron a coser o a leer y escribir a muchas jóvenes del barrio… es una historia larga, con mujeres empoderadas (como se dice ahora) frente a la jerarquía eclesiástica. Y es que por Santa María pasaron hijas de familias importantes de la sociedad gaditana. Hoy escasean las vocaciones para esta vida de trabajo, rezo y silencio, para mantener el gran patrimonio material, artístico e histórico de su Congregación.

Su vida oculta y el silencio que de nuevo las acompañará, no debería hacernos olvidar el gran valor de estas legatarias y testigos de la historia de Cádiz. Mujeres que escogieron libremente este modo de vida para ser felices, aunque haya quien no lo entienda. Merecen nuestro respeto y cariño, son parte de Cádiz.

Y no puedo dejar de citar a la Asociación de Amigos de Santa María, un grupo de personas que durante 16 años han luchado –sin ayuda institucional- por conseguir recursos para esta pequeña pero fundamental obra de reforma que va a posibilitar el regreso de las concepcionistas, a pesar del olvido de la Administración laica y religiosa. Ellas han tenido quien las defienda.

Su propia regla de vida hace que las monjas de clausura estén muy limitadas para “pelear” por sus derechos y tramitar sus proyectos, con la dificultad añadida de contar con pocos recursos económicos.

Pero esta Asociación, con minuciosidad, paciencia y honradez, lo han conseguido, trabajando con dedicación y detalle y buscando dinero para ellas.

¡Bienvenidas a su casa!