Un extracto de cuenta corriente es capaz de delatar personalidad, estilo de vida, gustos y aficiones e incluso creencias del titular. El ticket de la compra en alimentación es igual, da información hasta del estado de salud del comprador. Pero ¿somos libres a la hora de comprar o nos dejamos llevar por los estímulos del marketing?. A este asunto dedica el suplemento de EL PAIS del domingo 1 de abril un reportaje de tres páginas. Y yo, tras leerlo detenidamente, lo he recortado para resumirlo aquí.

El informe muestra los hábitos de compra de varias familias, la mayoría  consumidoras de productos frescos de huerta, de cercanía, pero que adquieren algunos artículos en las grandes superficies. Y así, se analiza cómo la publicidad influye en la compra a través de las emociones. Otra acción del marketing es la manipulación, la llamada ilusión de la “vuelta al pueblo”, “a la cocina de la abuela”, aunque en realidad nos estén vendiendo cosas precocinadas y de mala calidad. Además, los supermercados obtienen datos de nuestras compras a través de las tarjetas de fidelización. Es la llamada sociología de la alimentación. De hecho, y bajo teorías simplistas, se argumenta que quien compra comida rápida o pizza congelada de marca desconocida, es muy probable que tenga un nivel económico bajo, y que los pescados salvajes, las carnes sin hormonas y las fresas ecológicas sean adquiridos por familias con recursos.

El experto en soberanía alimentaria, Gustavo Duch declara que “Hemos perdido nuestro derecho a decidir lo que comemos; y aunque parece que tenemos acceso a muchos alimentos, marcas o colores, son alimentos repetidos, hay poca variedad, distribuido por unas pocas empresas multinacionales que manejan las marcas y las normas”….

Según el suplemento semanal, la tarea de realizar la compra es algo demasiado importante, que a veces se hace en momentos de debilidad, cansancio, estrés, niños dando la lata, prisa, etc.

Y por último, EL PAIS habla del decálogo del buen comprador de alimentos:

1.- No comprar con hambre, cansancio o estrés, pues al final adquirimos lo que no necesitamos.

2.- Comprobar la composición de los alimentos preparados. (Como productos con aceite de oliva, que suelen llevar mínima cantidad).

3.- Procurar comprar cada cosa en su sitio. Por ejemplo, en el mercado o tiendas especializadas.

4.- Volver a los básicos: legumbres, potaje, ensaladas, etc.

5.- Consumir menos proteína animal, y de mejor calidad. Más vale un pollo sabroso una vez a la semana que pechugas insípidas cada dia.

6.- Llevar hecha la lista de la compra.

7.- Comprar productos frescos en su temporada. Son más baratos, saben mejor y son más respetuosos con el medio ambiente.

8.- Evita las grandes compras porque acaban estropeándose.

9.- No siempre lo más caro es lo mejor. Influye mucho el modo de cocinar.

10.- Una cooperativa de consumo es lo mejor para comprar verduras o frutas. Lo local es más fresco, más sano y sabe mejor.

Me alegra que se trate el tema de la compra de alimentos en el núcleo familiar. Es muy útil saber las motivaciones que tenemos al adquirir productos para nuestra subsistencia, teniendo en cuenta los efectos de la crisis en las economías domésticas. Y personalmente, creo que las grandes superficies deberían especializarse solo en productos envasados, dejando los frescos para otro tipo de distribuidores, promocionando los productos de cercanía por calidad y precio.

Entrevista a Gustavo Duch, coordinador de la revista Soberanía Alimentaria