Sin marineros por las calles ni barcos de carga en el muelle, las aceras cercanas al puerto se vuelven familiares por la noche, de vecinos que sacan la basura. El éxito portuario de otros tiempos creó una demanda urgente de compañía y descorche, naciendo entre otros el mítico cabaret Pay-Pay allá por los años cuarenta. Dos “embarcaos”, uno de Huelva y otro de Cádiz, lo abrieron con el nombre de su último barco y destino. Hoy, sin alterne artístico en la ciudad, el Pay-Pay acaba de cumplir diez años como Café Teatro, gracias al coraje de Paloma García, que lo ha convertido en referencia cultural y de ocio en un barrio felizmente recuperado para el público curioso de base. Pues allí estuvimos el sábado pasado muchos de sus amigos-, en un homenaje a Juan José Téllez, escritor, periodista y poeta y sin embargo viejo amigo, con motivo de su cumpleaños, pasados los cincuenta, como casi todos los presentes, dura realidad.

Fue el también escritor y bloguero Rafa Marín quien entrevistó a Juan José, sentados a ambos lados de una pequeña mesa camilla, cuya lamparita se llevó más tiempo en el suelo. El Pay Pay sigue teniendo algo mágico pero cercano e intenso. El escenario consta de una tarima cuadrada algo elevada, donde el color azul oscuro matiza la penumbra en dos micrófonos y un sencillo cortinaje a modo de telón. Varios cantautores pasaron por él esa noche: La Buena Mujer, Paco Medina, Nacho Moreno (gracias por tu acompañamiento), y Manuel Sevilla, entre otros. Paloma García, gerente del Pay Pay dedicó unas palabras a Juan José Téllez. Y una servidora también subió al escenario a cantar Alfonsina y el Mar. ¡Qué noche tan intensa!

El no fumar en interiores nos ha devuelto los espacios antes prohibidos. Las preguntas y respuestas del homenajeado, las letras de los cantantes, libres, originales y fuera de toda norma, dan contenido a la noche. Cincuentones con mucho curriculum a nuestras espaldas, por eso Alfonsina y el Mar tiene sentido. Nos hemos visto hundidos alguna vez por voluntad propia, aunque a diferencia de la poetisa suicida, hemos salido a flote y ahora tomamos el sol felizmente sobre la arena. Eso sí, revivimos fácilmente la melancolía y podemos definirnos para defendernos. La noche es nuestra incluso sin misterio, sin la clandestinidad social ni política, ni palabras de doble significado. El colofón lo pusieron David Palomar con Anabel Rivera, por soleares y sin música,  futuro del flamenco gaditano.

Terminada la sesión, el homenajeado Juan José Téllez, sopló ilusionadamente las velas de una empanada de pulpo, colocada al efecto sobre la barra. Gracias a los organizadores de la noche por la música, las letras, las reflexiones, las copas, la amistad y la admiración, todo ello ocupando un espacio reciclado de vivencias, incluso gastronómicas.

Aquí van dos de los regalos que dejamos a Juan José en su cumpleaños: mi actuación y la poesía de mi hermano Gabriel.

Va por ti “Télle”.

Celebro que la verdad

va en el aire que respiras:

En vientos de libertad

desde que, a una corta edad,

Te viniste de Algeciras.

Cultura pura, lecturas,

Lo valiente se te sale

Replicando y hasta en misa,

Sin mezclarte con los curas;

Conferencias, recitales,

Ubicuidad contra prisa.

Libros en presentaciones

Propias o de algún amigo,

Poemas para canciones:

De mucho he sido testigo.

Si no te he mentado antes

Tu saber del cante jondo,

Será para que, en el fondo,

Se evite que Téllez cante.

Pimienta para el que te lea

Al que te oye, sal justa

Que no añades a la herida.

Clavo dulce a las ideas

Claras, que sé que te gustan

Batirlas bien rebatidas.

Algo verdad, cosas mías

De tantos y tantos años.

Con el recuerdo me apaño:

Coba te daré otro día.