En mi casa no hace gracia chupar huesos. Por eso, siempre compraba la pechuga del pollo. Pero en la plaza de abastos de Cádiz venden el pollo de corral (a medio camino entre el campero y el de “serie”), y me lo llevo entero, previamente descuartizado con maestría por el carnicero.  Tras guisar las pechugas, quedaban pendientes el resto de las presas del pollito gaditano. Con esta receta, se aprovecha toda la carne difícil de comer y se queda estupendamente. Me la pasó mi cuñada.

Ingredientes:

Muslos y cuartos traseros de pollo (a ser posible de corral), tomate frito casero, como 250 g aproximadamente y queso rallado parmesano.

Es muy fácil: cocemos las presas del pollo, sin piel, y con hueso, alrededor de unos treinta minutos, con algo de aceite, sal y laurel. Cuando se enfríe un poco, lo deshuesamos, y lo reducimos a pequeñas tiras, que colocamos en una fuente de horno. Encima añadimos el tomate frito bien extendido y el queso rallado parmesano.

Ahora solo queda un gratinado, de unos 5-10 minutos, el tiempo de que se derrita el queso. Y a la mesa. Está riquísimo, y es muy cómodo de comer. Como diría mi madre, «aunque sencillo, tó lo que lleva es bueno…»