Preparar la comida para la familia –mucha gente lo hace a diario en el mundo- tiene condicionado el éxito o fracaso final por muchos factores. Tal vez el principal sea el estado anímico y/o físico del cocinero. Pero se da también la influencia de la calidad de los ingredientes y por supuesto la calidad de los mismos. Y por último, siempre hay un factor suerte, sobre todo para la primera vez que se elabora una receta cualquiera, en el que se lo juega uno todo a una sola carta.
Hoy en casa he tenido un éxito y un fracaso. El primer plato –rape con guisantes- ha causado sensación entre los comensales. Llevaba un buen sofrito de ajo y cebolla, con su vasito de vino blanco y un excelente caldo de pescado, enriquecido con el hueso del rape y con las cabezas de las gambas –compradas frescas- que yo tenía congeladas. Los guisantes también eran frescos. El resultado, repito, de buenísima nota.
Pero el segundo plato era un experimento, que evidentemente llevaba sus riesgos. Lo aclaro: pretendía hacer una ensaladilla con productos de Conil –las patatas ecológicas que compré el otro día allí- y las habichuelas pías autóctonas. La mayonesa, de bote para ahorrar tiempo y riesgos. El caso es que esta ensaladilla la puse a probar bajo el nombre de conileña. Pero a la misma, le faltaba algo. Creo que podría ser la cebolleta, que se me olvidó, y se me ocurre que tal vez unas aceitunas negras. Pero está claro que aún no puedo presentar esta ensaladilla en la sociedad bloguera. La receta la medio saqué de la web www.directoalpaladar.com
La cocina, como todas las cosas de la vida, tiene altibajos. Y ya he dicho muchas veces que intentar cocinar bien supone esfuerzo y dedicación. En este caso, tengo pendiente perfeccionar este dichoso plato hasta que mi familia me conceda notable ó notable alto. Por cierto, ahora mismo estoy experimentando otro plato muy original, poco visto, ya os contaré en cuanto se pruebe. Moraleja: cocinando día a día uno llega a aceptar sus limitaciones.