Hoy por ser navidad, Charo me deja expresar mis sentimientos. De momento estoy observando a la gente muy apurada estos dias, corriendo de un lado para otro y todos hablando de cocina, gamba, jamón, pavo o del vino. Sin duda, la cocina es la protagonista.

 

Pero yo no paro de soñar. Y sueño con un plato caliente para todas las mesas del mundo, y un piso con cocina para cada familia y no un campamento de refugiados. Imagino las tierras cultivadas para alimentar a todos. Sueño con la comida para vivir y no para jugar, y con que la industria alimentaria sea honrada y no nos engañe; también con que los gobiernos tengan vergüenza y vigilen lo que comemos, y por supuesto, con que nadie tire comida a la basura.
 
Sueño con que los alimentos igualen y no diferencien a la gente, y con que el pan se ofrezca con cariño, antes que con falsa caridad. Me gustaría que el alimento no fuera un arma de esclavitud, violencia, injusticia, u opresión. Sueño con que se coma bien en las cárceles sin pena de muerte, y yo sería feliz si la tela de los burkas se reciclara en preciosos manteles. Y espero que los que no tienen apetito dejen de ser egoístas y piensen en los demás.
 
Hoy, por ser navidad, he decidido contar mis sueños, deseos materiales y espirituales de un pobre blog de cocina guisando en la red como tantos otros; pero si se hicieran realidad, traerían felicidad y devolverían la dignidad perdida.
 
Ya se sabe que los sueños sueños son, pero éstos me los ha inspirado un portal, con un Niño sin cuna, nevera, mesa, sillas ni platos, y entonces, se me han quitado de golpe todas las tonterías… creo que eso es la Navidad.