El pasado viernes vivimos el mismo anochecer o parecido, del comerciante sirio Juan Clat Fragela (1656-1756), aunque con alumbrado eléctrico y wifi. En una de sus cuatro casas (siglo XVIII), hoy convertida en el precioso hotel Casa de las Cuatro Torres, asistimos a una interesante conferencia a cargo de Juan Antonio Vila (doctor en historia, docente de secundaria, mentor de la Casa de la Camorra), que habló sobre la corta estancia del pintor francés Eugene Delacroix (1798-1863) en Cádiz, y que creó un interesante material gráfico de la ciudad. 

Fue en 1832 cuando Eugene Delacroix, el más importante pintor romántico llegó a Cádiz acompañado del cónsul francés -Conde de Mornay- en misión diplomática, procedente de Marruecos. El encargo consistía en convencer al sultán de Marruecos de mantenerse neutral en la guerra de Argel. El rey francés Luis Felipe elige para ello a este diplomático de solo 29 años, que se hace acompañar del pintor Delacroix a modo de fotógrafo/reportero para el viaje.  

Antes de llegar a Cádiz, ambos viajeros habían permanecido seis meses en Tánger. En este tiempo se escriben cuatro diarios del viaje, tres de ellos conservados hoy en el Museo del Louvre.

Cuenta Juan Antonio Vila que al llegar a Cádiz Eugene Delacroix, en el barco La Perla, tiene que esperar siete días para conseguir autorización para desembarcar, a causa de la epidemia de cólera en Francia, nación de la bandera del barco. Por fin, se le concede permiso el 16 de mayo de 1832. Como curiosidad, en esa fecha aún existía el faro antiguo de Cádiz.

Delacroix pasó cuatro días en Cádiz, en los que realizó once obras pictóricas de pequeño formato (la mayoría acuarelas); el pintor llegó a tener cuatro mil documentos catalogados, hoy conservados en el Louvre, (incluidas todas las páginas de los tres diarios de ese viaje). El artista también dejó constancia gráfica durante su estancia en Cádiz de diferentes tipos de ciudadanos que contempló por las calles.  

Al parecer, el pintor francés se hospedó en un hotel de la calle San Francisco, hoy número 6, entonces Plaza de Loreto (por la antigua ermita de Loreto), llamado el Albergue de los Franceses. Como observación, comentar que la vecina iglesia de San Francisco conserva el retablo de San Luis, que sigue siendo propiedad de la República Francesa.

Curiosamente, Delacroix se caracterizaba por pintar cuadros de interior, hasta que descubrió la belleza de la luz en Tánger y Cádiz, lo que le llevó a reproducir exteriores de ambas ciudades. En Cádiz pinta el convento de Capuchinos, el de Santo Domingo, la Casa del Pirata y la catedral nueva (en obras todavía).

Juan Antonio Vila lamentó que en esos cuadros que recogen calles, plazas y patios gaditanos, no figure el título de Cádiz en las escenas pintadas por Delacroix, sino que se nombran como plazas, patios o fachadas de Sevilla o Tánger. 

Podemos ampliar esta información investigada por Juan Antonio Vila, en su blog: