Llegan con los fríos. Los espero con ilusión en cuanto comienza el otoño-invierno, y mi frutero incluso me avisa de su llegada. Suelen venir de la provincia de Cádiz o de Almería. Es igual, son andaluces. Los guisantes son una legumbre imprescindible en mi cocina, siempre los tengo disponibles porque me sacan de más de un apuro. 

Los compro al peso, con su vaina, y en casa nos ponemos a pelarlos y los introducimos en fiambreras herméticas. De allí al congelador. Y nunca los descongelo, sino que van directamente al guiso o al arroz, que ya con el calor se hacen.

Los guisantes sirven para todo:  un salteado con jamón, un revuelto, un guisote con choco o calamares o un arroz meloso… en todos estos platos los chícharos (tal como los llamamos en Cádiz), solucionan una comida. Por no hablar de hacerlos en sopas o en crema o puré.

No olvidéis que son legumbres,  frescas, y por ello se estropean con el tiempo.  Merece la pena comprarlas así, frescas, aunque haya que pelarlas. No son lo mismo en lata o ya congeladas, ya que pierden textura y parte de su aroma y sabor.

¡Vivan los guisantes!