Se ha estado hablando últimamente de lo que debería ser la cesta de la compra de alimentos básicos, dado el evidente aumento de los precios de los productos de alimentación, debido a la inflación.  Algún supermercado ha hecho alguna propuesta con poco acierto desde el punto de vista de la nutrición. Se trata de comer saludablemente y a un precio soportable por las economías domésticas.

La página Eroski, a la que sigo, sugiere la lista de alimentos básicos y frescos para el consumo de una unidad familiar, si bien advierte que estos productos entran en gran competencia con los ultraprocesados, por su bajo precio y sabor potente, además de que sirven para ahorrar tiempo y son menos perecederos. Pero la salud bien merece cuidar los alimentos que comemos. Su artículo repasa el impacto ambiental de nuestra alimentación, así como el coste relativo.  Además, el artículo incluye recomendaciones dietéticas en cantidad y frecuencia.

Estas son las ideas que sugiere la página Eroski para incluir en nuestra cesta:

Alimentos frescos: comprar de temporada, más sostenibles y baratos.

Desayunos. Mejor pan integral y cereales sin azúcar que tanta galleta o bollería. Son más saludables, más baratos y cunden más.

Legumbres: las mejores. Ahorran tiempo y energía, congelan bien y duran mucho. Con poco come una familia.

Conservas y envasados: como las latas de conserva de pescado o de hortalizas. De diferentes precios, ahorran energía al estar ya preparadas.

Por supuesto, cocinar: al vapor, con microondas, las ollas rápidas, etc. No cobramos nuestra propia mano de obra.

Agua y fruta. El agua es lo más barato y saludable. Y en cuanto a la fruta, mejor la de temporada, más económica y rica.

Comprar solo lo necesario: evitaremos el desperdicio. Es cuestión de aprender a calcular.

Está claro que comprar alimentos es una labor delicada y selectiva, sin dejar de vigilar nuestro presupuesto. Y también está claro que cocinando en casa comemos lo mejor, al menor precio.