Su propietario, Carlos Pérez-Figuier indica siempre que su establecimiento está fuera del circuito comercial y gastronómico de San Fernando, y que no coge de paso para casi nada, por lo que basa su éxito en su oferta culinaria. La Taberna El Embrujo, abierta en 2010, es para nosotros un lugar de culto por su buena cocina, su curiosa decoración y su excelente relación calidad precio.

Una barra (brillante, impoluta) frente a la cocina, varias mesas altas y una terraza pequeña para el verano son los alicientes de esta pequeña taberna llena de recuerdos y antigüedades en las paredes, junto a los vinos de la provincia gaditana, que Pérez-Figuier conoce perfectamente.

La carta no es fija, sino más bien sujeta a la temporada (verano, otoño-invierno, cuaresma y primavera, etc.), y se detalla en una pizarra. Al leerla y escuchar al propietario sus comentarios uno no sabe qué pedir, porque supone que está todo riquísimo y así es.

Nuestra última visita, hace una semana, nos sirvió para ponernos al día de los últimos platos, que en esta ocasión fueron cinco, para compartir en la terraza nocturna y por este orden:

Ensaladilla de gambas con aceitunas (de nota); ensalada de pimientos con salmorejo y base de patatas cocidas (sorprendente); atún rojo estofado con patatas (muy aplaudido); albóndigas de choco (mi favorito); tortilla campera (un plato agradecido) y mousse de tocino de cielo con nueces como postre (una buena despedida).

Todos los platos exquisitos, servidos en una vajilla original y moderna.

Personalmente, me gusta más El Embrujo los domingos de invierno al mediodía, que es cuando más se disfruta de sus croquetas variadas, su codillo o su pisto con huevo, así como de su vermut y sus tintos de Cádiz.

Una cocina de platos e ingredientes tradicionales, pero con pequeños detalles añadidos, y un trato cuidadoso en su elaboración, que no deja indiferente a nadie.