Dicen que en los supermercados se venden bolsas de croquetas precocinadas. Visito poco o nada los supermercados y además no entra en mis cálculos (de momento) hacerme con estos productos ya preparados. Cuando tengo oportunidad hago mis croquetas en casa, las congelo y las saco y frío cuando me vienen bien. Con ellas yo también lucho contra el desperdicio en la cocina.

Pero es cierto que la popularidad de este producto (casero o industrial) traspasa fronteras. La página Eroski le ha dedicado dos artículos –en lo que va de mes- a las croquetas precocinadas, porque salen con una composición siempre incierta y de dudosa calidad. Son estos dos los enlaces: Croquetas precocinadas, ingredientes y Relleno de croquetas precocinadas. Los artículos no tienen desperdicio, y vienen a decir lo siguiente:

El peligro de los reclamos de los envases (pone casero o receta artesana o incluso receta de la abuela). Hay que leer los ingredientes (tipo de leche, qué relleno llevan y cuanto llevan de sal). Dice Eroski que no son NI CASERAS NI ARTESANALES, porque además son mensajes voluntarios, sin regulación legal alguna, y llevan a engaño.

Como se hacen las croquetas industriales: en naves industriales y procesos tecnificados, y sus ingredientes no se parecen a los que usaríamos en casa. En cuanto al proceso, son los mismos a grandes rasgos: calentar aceite, añadir harina, remover (bechamel) más leche o polvo. Luego el ingrediente principal, dejar reposar hasta espesar. Y por último, dar forma y empanarla con un encolante. Y después, ultracongelarlas.

Los principales ingredientes de las croquetas precocinadas: similares, más o menos, pero hay diferencias. La leche, en algunas marcas es entera y pasteurizada, pero en la mayoría, leche en polvo desnatada, más barata y de peor sabor y cremosidad . Y en el peor de los casos, se utiliza suero de leche en polvo, más barato aún (ojo a las etiquetas).

Mantequilla ¿o aceite? porque en casa solemos utilizar la primera. No en las versiones industriales, por su elevado precio y porque se enrancia pronto. En cuanto al aceite, lo normal es emplear de girasol. Y en lo que respecta a la harina para la bechamel, se utiliza almidón en su lugar, para ahorrar costes. 

Y lo más importante, EL RELLENO, estas croquetas no le dan tanta importancia como nosotros, sino más bien a la masa. Aquí hay mucha variedad: quesos, jamón, carnes, setas, verduras. En realidad todos ellos suelen ser de calidad dudosa (el jamón ibérico o no). La etiqueta lo “canta todo”, incluidas las cantidades y proporciones. Motivos económicos.

Y los nutrientes: como siempre, ir a la etiqueta, para leer los ingredientes, su calidad e interés. Y visto lo visto, las croquetas no son recomendables para un consumo habitual, por su excesivo aporte calórico.

Pero –señala Eroski- el ingrediente noble o principal tiene menos influencia sobre la composición nutricional final. Y siempre será mejor optar por una verdura o pescado, si bien su proporción no es relevante. Y mejor, el bacalao.

Y una última llamada: atención a la sal.

Un interesante artículo de Eroski, para aclarar los pormenores de este producto en su versión industrial.