La pandemia también le tocó, como a tantos otros, y tras cierres y aperturas intermitentes, El Bar Restaurante Chicarreros reabrió a primeros de diciembre pasado, renovando y reforzando sus equipos de cocina y sala. En los fogones se encuentran dos excelentes y motivados profesionales: Rubén Delgado, madrileño, que pasó por El Bulli y fue finalista en Madrid Fusión. Y como segundo, Yolanda Astorga, cuya gran pasión es la repostería. Ambos vienen del equipo del Restaurante Ispal, al igual que el jefe de sala, Michael Márquez.

Chicarreros –en la calle del mismo nombre, junto a la Plaza de San Francisco de Sevilla- tiene una elegante fachada de estética inglesa, en consonancia con su ambiente interior, que recuerda a un pub en su  luz y su ambiente. Tiene una preciosa barra ahora inactiva por obligación pandémica, y paredes decoradas con libros. Las mesas son todas altas y puede contemplarse perfectamente el trabajo en directo de la cocina.

Pero tiene otra mitad añadida al servicio que es la coctelería, una oferta especializada con los maestros Giovanni y Carlo, que además interactúa como maridaje estratégico en los diversos platos, concretamente en un menú de degustación. Cócteles de bienvenida, refrescantes, rompedores, armonizadores, digestivos, etc., aportan un valor a los platos compatible con interesantes vinos de la tierra, que también están presentes. La coctelería es sin duda deficitaria en Sevilla, siendo un mundo de lo más atractivo. 

Es decir, Chicarreros son en realidad dos establecimientos: cocina y coctelería, y ambos de gran nivel. Música chill-out y tenue luz completan las condiciones para un ritmo pausado de comida y bebida.

Abrió el menú de degustación el cóctel Milk Punch, un limpio y refrescante cóctel de brandy, ron y fino, leche y lima, con una clarificación casera. El entrante fue un bizcocho de albahaca (premiada en Madrid Fusión), queso crema y confitura de tomate, acompañado de una jugosa croqueta de jamón.

Un falso aspic de chalota con ostra (variedad Fine de Claire), a baja temperatura en roner, maridado con un oloroso de Bodegas Tradición. Los vinos generosos tienen aquí también su presencia. 

Un plato que nos encantó fue Cigala, foie y perdiz en escabeche, armonizado con el blanco Líbero, D.O. Condado de Huelva, de Bodegas Contreras Ruiz, de Rociana, uva zalema.

Alcachofas confitadas con jugo de menudo de ternera. Exquisitas.

Unas patatas bravas tradicionales, presentadas en formato gofre, juegan con los recuerdos del comensal. Magnífica reconstrucción.

Sopa boullabesa, con vieira y lomo de salmonete a la parrilla, aderezado con absenta.

Aquí llegó un cóctel corpse reviver, libremente elaborado con gin fresca, cítricos y Cointreau, rompedor a mitad de menú.

Royal de conejo deshuesado, con langostinos marcados, se maridó con Cueva de la Sima, de Bodegas Margarita Constantina, Sevilla. 100% tempranillo, 9 meses de barrica de castaño y en tinajas de barro. Muy láctico.

El pre-postre: infusión de frutos rojos, helado y yogur de menta, regado con el cóctel Apricot (albaricoque), hecho con Campari, Vermut, Bourbon, licor de cacao y caramelo amargo.

Y el postre propiamente dicho consistió en Gelé de fresón, farfait de chocolate, helado de chocolate, cristal de cacao.

Y el cóctel de despedida: camaleón negroni, un combinado que preparado en mesa cambia tres veces de color en tonos florales Butterfly, y con toques de cítricos.

Chicarreros tiene dos mundos muy definidos que pueden interactuar sin problema. Alta cocina con solvencia y buen producto liderado por Rubén Delgado, y vinos bien seleccionados y presentados por el servicio de sala; y por otro lado, una amplia carta de cócteles adaptados con maestría a todos los gustos, que pueden dar respuesta a una clientela entregada con total seguridad.

Es un establecimiento completo y recomendable.