El pasado domingo día 10 asistimos a la charla que sobre las cervezas artesanas dio nuestro amigo Ricardo Reyes en el Bar La Casapuerta, en Cádiz. A finales de 2011, Reyes abrió en la capital gaditana una tienda de cervezas artesanas nacionales e internacionales, y actualmente es, junto a su mujer, distribuidor y propietario de La Cervecería del Mercado (en el mercado central de abastos de Cádiz). Reyes no elabora cerveza, simplemente la vende y “la bebe”, como él dice.

Su intervención trató de situar los parámetros de la cerveza artesana, para diferenciarla de la cerveza industrial.

Sobre las cervezas artesanas: según definición de la Asociación Española de Cerveceros Artesanos Independientes, el volumen de producción anual máxima de la cerveza artesana se fija en 5 millones de litros, no pudiéndose emplear ingredientes distintos a la malta de cebada o trigo como fuente de almidón, con la finalidad de reducir los costes de los procesos de producción, salvo de aquellas cervezas que por sus características requieran emplear otro tipo de materia prima, y que no supere el 10% de la producción total de la fábrica.

Uno de los temas expuestos fue el de la calidad del agua empleada en la elaboración de cerveza, que la publicidad suele señalar como agua de manantial, cosa que no es cierta, salvo cuando el manantial es de propiedad privada. En todo caso, el agua se trata para su mejora, lo que favorece la calidad de la cerveza. 

Sobre el etiquetado, Reyes mostró la diferencia entre lo indicado en las etiquetas antiguas de cervezas, las actuales, y lo que indican las cervezas artesanas, todo ello según la normativa vigente.

Entre las notas y ventajas diferenciales de las cervezas artesanas, se señalaron las siguientes: variedad de aromas, sabores y texturas. Proximidad e independencia. Más puestos de trabajo por litro. Mayor generación de riqueza indirecta. Sin gas inyectado. Lucha contra los monopolios de mercado. Grandes posibilidades de maridaje gastronómico. Creatividad. Tecnología al servicio del producto. Y todo ello con el objetivo de la calidad.

Pero las cervezas artesanas tienen también sus inconvenientes: precio, estabilidad (difícil de conseguir), posicionamiento de mercado (por el gasto necesario en marketing) e intrusismo.

Reyes habló también de los mitos y falsa publicidad, como los términos “doble lúpulo” y “doble malta”, que no son correctos.

En cualquier caso, subrayó que ambos productos no se parecen y que por tanto juegan en ligas distintas. Las cervezas artesanas pertenecen a una economía colaborativa, aunque en realidad no haya una unidad entre ellas. Y las cervezas industriales se producen en un mundo de fábricas multinacionales, que entre otras cosas realizan un gran control de calidad, que influye en la estabilidad de su producto.  Si una cervecera industrial lo hace bien, es una buena referencia para el mercado. En España conviven solamente seis grandes cerveceras. 

Reyes finalizó su intervención concluyendo que el mundo de las cervezas en el pasado fue monocolor, y que, a pesar de las actuales luces y sombras, llega un futuro incierto pero multicolor para el sector. Y es que apostilló: «No toda la cerveza artesana es buena ni toda la cerveza industrial es mala».

El Bar La Casapuerta cuenta con distintas marcas de cervezas artesanas, que se degustaron a continuación.