Sonámbulo cocina para soñarMe encanta la Plaza Candelaria. Acogió 300 años conventuales de monjas agustinas antes de convertirse en plaza pública en 1873, con el derribo de sus edificios religiosos bajo coartada de ruina pero de real desamortización. Fue lugar de encuentro de mis padres cuando novios, sentados en sus bancos en las noches de verano, cuando siempre se comía en casa. Ahora el lugar se está embelleciendo aún más con solventes incorporaciones gastronómicas. Jesús Recio y Tamara Cansino, con su bar-restaurante Sonámbulo, acaban de poner su pica en Cádiz, en un amplio local medianero con la cafetería Royalty, la que fue primera iniciativa que revalorizó la plaza en el siglo XXI.

Antes fueron cuatro años en Vejer de la Frontera donde crearon una cocina de referencia en el restaurante Valvatida. La carta de Sonámbulo conserva algunos platos de aquel establecimiento, si bien la mayoría de las propuestas son nuevas.

El nuevo local ha optado por una decoración moderna pero no estridente con el entorno, incluyendo su portada, en la que predominan los elementos metálicos del comercio con arquitectura industrial, característico de la zona. Pero todo tiene armonía. Han tenido el acierto de recuperar el suelo de piedra de Tarifa, que se conservaba bajo varias capas de pavimentos de épocas anteriores. Han introducido algunos restos de balconadas de casas antiguas, así como puertas del siglo XIX compradas en anticuarios. Sonámbulo –al igual que muchas fincas del Cádiz intramuros- cuenta con un sótano que albergaba el aljibe.

Sonámbulo mosaicoEl establecimiento cuenta con dos ambientes o salas diferenciadas, una apreciable barra y mesas altas y bajas. El formato de servicio es el de platos para compartir en la justa cantidad, como hemos podido comprobar. La relación calidad/precio es muy buena.

Además de Jesús (Jefe de cocina e ideólogo) y Tamara (jefa de sala y supervisora), cuenta con un buen equipo de camareros que atienden con el ritmo adecuado. Me llamó la atención un rincón del local dedicado a la coctelería. Además, la disposición y el número de mesas no satura el local ni le perjudica con el ruido.

Tengo que hablar de la cena que probamos y con la que quedamos muy satisfechos. Ensaladilla marina (fresca, con algas y salicornia, con una salsa mayonesa), riquísima. Un plato de setas, ajo y huevo sobre crema de calabacín nos sorprendió por sus matices y suavidad. El wok de chipirón con fideos chinos puso el punto asiático. Pero las salchichas con puré de patatas y salsa chimichurri nos dejó con la boca abierta, así como la hamburguesa de La Janda con patatas fritas y kétchup casero. Estos dos últimos platos llevan la materia prima del gran carnicero Paco Melero, que siempre es una garantía.

El pan, excelente. Pedimos un postre ligero: plátano estofado con anís estrellado y helado, y una copa de Viejo Arrumbao, el oloroso de Bodegas Sanatorio. Bien por los vinos de la provincia.

Una excelente cocina -original, moderna, sencilla pero inolvidable, una decoración actual con detalles gaditanos, un servicio más que aceptable y la sensación de que tienen todo bajo control, como el mismo sonámbulo que no parece dormido.

Una suerte contar con la cocina de lo que fue Valvatida en Vejer, y ahora en Cádiz, una fórmula que funcionó muy bien a base de oficio, seguridad y creatividad, y que viene a enriquecer ahora el eje de Candelaria.

Podemos presumir de que en Cádiz hay cada vez más dónde elegir.