Pocos sitios han renacido con tanto encanto en la capital andaluza como la zona de la Alameda y sus alrededores. Todos sabemos que el lugar adquirió fama de indeseable y pocos negocios se aventuraban a instalarse allí. Pero en los últimos años, gracias a una aceptable reforma urbanística, hemos comprobado su recuperación para la ciudad, y hemos visto abrir allí nuevos bares y restaurantes, tiendas de productos ecológicos e incluso librerías. Uno de estos lugares es el bar El Pimiento, un pequeño local con personalidad ubicado en la calle Niño Perdido,  dónde sus responsables ofrecen cocina casera y buen trato. Y sus tapas son más que apetecibles.

Rodeado de pequeñas callejuelas –algunas peatonales-, El Pimiento recuerda y evoca las viejas casas de “mala nota” que funcionaron durante muchos años en sus edificios. Hoy la zona cuenta con fincas rehabilitadas dotadas de luz y alegría, que atraen con facilidad al visitante. La Alameda fue el lugar de paseo veraniego de finales del siglo XIX en Sevilla, y sus rincones están llenos de historias de los tiempos inquisitoriales de la ciudad.

Pero paso a detallar las tapas que pedimos en nuestra visita a El Pimiento. Una hamburguesa de pollo con guacamole y cebollita, mereció el 2º premio en la última Ruta de la Tapa –Sevilla en Boca de Todos-, por algo sería. Una ensaladilla de melva cuya vista nos atrajo, estaba realmente riquísima. También quisimos probar los garbanzos con gambones, como plato de cuchareo caliente, y para finalizar unas albóndigas de pollo y monta, en salsa de Pedro Ximénez muy ricas.

Nuria, Diego y Susana llevan el local, pero también participan y trabajan en la cocina, cada uno en su especialidad. Es por ello, que cualquiera de los tres propone, comenta y ofrece la tapa al cliente. El Pimiento es un bar con un fuerte y acogedor carácter familiar.

En un entorno aislado, poco ruidoso, original y recogido, bares como El Pimiento son una propuesta de tapeo en grupo para disfrutar, dónde cada uno tiene sus platos favoritos. Aquí tenéis su blog, en dónde cuentan mucho más sobre sus tapas. Y en cuanto al vino, el establecimiento tiene mi favorito, el tinto Garum, de las Bodegas Luis Pérez, Jerez de la Frontera. Así da gusto.

Merece la pena pasarse por el lugar.