A falta de un día para finalizar los talleres de Cocinando Tu Futuro, podemos hacer balance inmaterial de lo que está siendo esta actividad. Con grupos de chicas (y algún chico), en número de 10, afrontamos un final de curso, en el que entregaremos unos diplomas que demostrarán que han practicado cocina casera de buena fe. Es todo lo que hemos podido darles para facilitarles un futuro mejor.

En medio de esta vorágine de comunicación humana, dónde la gente suele ir pisando sin mirar, gritando sin medir y reclamando sin dar, traigo el recuerdo de un grupo de personas que tienen un mundo aparte, que solo buscan trabajar para sobrevivir en España y alimentar a los suyos, al otro lado del charco atlántico.

Cada una con su proyecto propio. Nos contó María que dejó allá dos hijos de 6 y 9 años, a los que no ve desde hace cuatro. Supimos que ayer, la mejor amiga de Rosana pasó la noche en el calabozo: un policía le pidió la documentación que no tiene, más la multa de 300 euros de inhumano peaje. Enma necesita llevarse alimentos para su casa. Fátima –después de ocho años de espera en España- recogerá sus papeles la próxima semana, y se hará una foto con ellos. Mucha vida por unos malditos documentos.

En medio de tanta incertidumbre, precariedad laboral y soledad familiar, una tarta de cumpleaños trae un poco de sonrisas, aunque ese día no se pueda justificar todavía en una identificación. Nadie debería ser ignorado en su aniversario, aunque ahora los años se midan en plazos de residencia legal.

Y, sobre todo, este grupo de personas más respetable que muchos, se reúne alrededor de una mesa de cocina alargada, dónde se cortan ajos, cebollas, pimientos, tomates, puerros….y dónde las graves preocupaciones dan paso a la cocina del día, al sofrito del momento, y a las recetas del presente.

Gracias por lo que nos habéis enseñado.