Gregg se llamaba el método que aprendí en la secundaria (bachillerato técnico por entonces). Todavía conservo los apuntes amarillentos de taquigrafía en la que me inicié a los once años, incluso el libro de la versión inglesa del mismo método “Gregg, shorthand manual simplified”, segunda edición, año 1968. La taqui era –junto a la mecanografía- una asignatura más de este bachillerato, que cursé en la desaparecida “Institución Generalísimo Franco”, un gran colegio de una época de dictadura que acogía 2000 alumnas de primaria, secundaria y formación profesional. Ha pasado mucho tiempo, y ya nadie habla de la taquigrafía, pues otras herramientas y avances tecnológicos la han arrinconado, sustituido y olvidado para grabar conversaciones, tomar apuntes de instrucciones epistolares o de simple comunicación. Pero yo aún puedo recuerdo sus caracteres, sus reglas gramaticales, sus abreviaturas y sus prefijos y sufijos. Este post va de recuerdos….

Había otros métodos taquigráficos como por ejemplo el americano Marty, que si bien era mejor para escribir por su mayor concentración en las abreviaturas de sílabas y terminaciones de palabras, era más dificultoso en su traducción al carácter común. Lo contrario del método Gregg que ahora describo: más largo para escribir pero mejor para traducir.

Aquí os dejo una carta comercial como ejemplo de la redacción epistolar comercial del año 1969. Al lado pongo escaneado el documento en caracteres taquigráficos. Cuarenta y cuatro años después, he sido capaz de traducirlo. Está claro que lo antiguo y bien aprendido no se olvida.

Señor Quintana: como usted sabe desde hace tiempo venimos estudiando el proyecto de extender hasta esa ciudad nuestra línea aérea, que ya existe entre esta capital y San Vicente, para de ese modo satisfacer la necesidad cada vez más urgente de establecer una vía rápida y directa a esa plaza, la tercera del país en número de habitantes.

Como consideramos que los terrenos de usted  reúnen los requisitos para un campo satisfactorio de aterrizaje, acabamos de mandar a usted un telegrama según copia anexa, preguntándole si está usted dispuesto a vendernos una determinada faja de sus tierras.

Esperamos poder cerrar trato con usted a mutua satisfacción y quedamos suyos affmos y s.s.

Compañía Aérea del Nordeste”.

Indudablemente la redacción epistolar comercial ha cambiado muchísimo en todos estos años. Pero la carta es un ejemplo de cómo se comunicaban las empresas en aquellos lejanos tiempos. Y de cómo el secretario o secretaria tomaba nota con una criptografía sujeta a reglas y puntuaciones, para luego pasarlo a máquina de escribir.

Dedicado a todas aquellas taquígrafas y taquígrafos, que podían presumir de velocidad, atención y buen pulso.