Como la Lola, también nosotros nos fuimos a los Puertos dejando La Isla -pero no sola- porque el Bar la Gallega –de San Fernando- estaba a tope cuando salimos. Nuestra responsabilidad y sentido del deber como tortillandos en acción nos obligan a optimizar la variable exógena tiempo, que traducido resulta que no se puede perder el hábito de estudios, que luego llegan los cates en junio y empiezan a darte cosquis hasta septiembre. Total, que aparcamos con más facilidad de la prevista en El Puerto de Santa María, en el bar Apolo, sito en la calle Palacios,44, en pleno centro portuense, antes de que llegara la marabunta de clientes. Era el Aula num. 7. ¡qué nervios!

Cinco minutos tuvimos que esperar a la tortilla, ratito que aprovechamos para probar la primicia presentada por este establecimiento a la Ruta de la Tapa de El Puerto, bajo el nombre de delicias de Palacios: una cama de cebolla y pisto sobre tortilla sin huevo, solo patata y perejil, mas pisto, caballita y perejil con aceitunas negras. Nos gustó muchísimo.

Pero nuestro objetivo central era probar esa maravillosa tortilla tan famosa en El Puerto, que lleva 12 huevos, o 6 pares. Y claro, el cocinero se sentía ya observado y presionado por nuestra mesa, a sabiendas de su gran responsabilidad. Muy pronto vimos salir la tortilla majestuosa, con una pinta y un olor que nos hizo levantar del asiento, mientras venía hacia nosotros.Veamos.

Nos la presentaron, se llama tortilla gallega desde siempre. Nos cuentan los empleados que por el origen del anterior dueño. Además, el establecimiento es el más antiguo que existe activo en la localidad. La tortilla, que además también se vende para la calle, tiene huevos y patatas, pero también chorizo, pimientos morrones, guisantes y cebolla. Se ha dicho que es para tomarla fría. Pero la comimos recién hecha y desde luego estaba increíble. En el Bar Apolo tiene solera hasta la sartén, que siguen utilizando desde hace 30 años, en la que no se pegan las tortillas. Esto se llama tortilla sostenible.

Buenísima tortilla, muy buenas también las demás tapas, un cocinero muy profesional, y unos camareros sin tonterías, hacen que tapear en el Bar Apolo sea todo un placer.

Aún nos quedan las tortillas de Jerez, Chipiona, Rota y Olvera. Todas las lecciones son buenas, están bien documentadas y además los maestros nos dan cuarenta vueltas. Y es que hasta no tener el título en las manos no podremos presumir de nada, bueno, yo en Sevilla sí que chuleo con mis estudios, que aquí aún no ha llegado el progreso tortillológico académico oficial. Ya nos copiarán.