El viernes pasado quedé con un grupo de compañeros en el Bar “El Tendero”, situado a la mitad del Paseo de Canalejas, frente al muelle de Cádiz. El motivo era homenajear a Víctor, compañero inolvidable, fallecido en 2007 a consecuencia de un infarto, y cuyo recuerdo seguía teniendo vida en un recodo del establecimiento, con el nombre de “Rincón de Víctor”.

Mientras trabajó en la sucursal cercana a El Tendero, era allí dónde tomaba el café y la copita del mediodía. La barra del bar era su apoyo, confidente, su compañía diaria. Manolo, que lo regenta junto a Maru, y es además un gran cocinero, era su amigo. Cuando supo de la muerte repentina de Víctor se apresuró a poner su nombre al trocito de barra que él solía ocupar a diario.

Víctor era jerezano y allí vivía, aunque trabajaba en Cádiz. Se movía habitualmente en los círculos más selectos, pues era de familia bien. De joven había sido pinchadiscos en una discoteca, pero un grave accidente le convirtió en empleado de caja de ahorros. Tenía una característica forma de vestir, elegante, demasiado clásica, que disimulaba su cuerpo lleno de clavos. Un amigo definió su figura como “la firma de un loco”.

Solía inclinarse y besar la mano a las señoras y llevaba pulsera con los colores de la bandera de España. Desgraciadamente no pudo disfrutar los triunfos de nuestra selección, pues él ya nos había dejado. Víctor supo entender la vida, vivía a tope y convivía con el alcohol como único amigo, inevitable, inseparable, porque lo sobrellevaba civilizadamente, y respetaba como nadie a los demás.

El viernes, una bandera de España extendida descubrió la placa de porcelana con el texto elegido por Manolo, hecho con frases que Víctor. Todos nosotros brindamos por su recuerdo, y mientras degustábamos las tapas de Manolo, unos y otros contaron anécdotas simpáticas de Víctor que producían carcajadas. Era especial.

Tengo intención de volver a El Tendero, que solo abre hasta el sábado al mediodía. Y junto a la barra, la sombra de Víctor estará allí siempre presente, con su saber estar, su ánimo equilibrado y sus historietas del pasado, regadas con su Rives Cola. Nada mejor que un bar para guardar las buenas esencias de una persona, de un amigo que no se ha ido del todo. Hasta siempre, Víctor.

Una voz desgarrada por la vida, rompe el silencio premonitorio de tardes tranquilas. “Buenas Tardesss”. “Síiii” “Totalmente”, “Viva España”. No hay un rincón de éste tu rincón que no tenga el eco de tu rota voz, la pronunciación de tu sabiduría, o el arte y saber estar de tu persona… en nosotros y aquí, amigo Víctor, está tu huella y ésta es mi promesa y nuestro recuerdo…. Rincón “Don Víctor Segovia”. Gracias por tu amistad.

Crónica gastronómica: para la ocasión, Manolo nos preparó –entre otros- una magnífica carne de novillo al toro, con patatas fritas de verdad. La aconsejo).