Es la Primera edición, pero creemos que tendrá futuro, mucho futuro. Huelva no solo es una de nuestras zonas de actuación gastronómica, es algo más, es una referencia sentimental. Por eso estuvimos allí, en un territorio gastronómico onubense instalado en la misma Sevilla, huyendo de Tom Cruise y sus persecuciones moteras. Comer en estos recintos viene a ser la prolongación de la propia casa de uno.

Desde el 9 al 13 de diciembre ha transcurrido la I Muestra de la Gastronomía de Huelva en Sevilla; un espacio dedicado a los principales símbolos onubenses en vinos, chacinas, mariscos y guisos. Estuvo patrocinado por Cajasol, y contó con la colaboración de la Diputación de Huelva y el propio Ayuntamiento de Sevilla-Distrito de Nervión. Su ubicación: junto a la Estación de Santa Justa.

Como es habitual, la compra de tickets se hacía por separado, para bebidas (1 euro) y comidas (5 euros). La oferta de sólidos incluía tortillas (con o sin relleno), guisos de albóndigas de chocos, platos de gambas y de chacinas, entre otros; también había tortillitas de camarones, aunque a mí personalmente me parece más gaditano que onubense (mi amigo Mariano tendría aquí la palabra).

Un grupo musical de chavales (de El Coronil, Sevilla), llamados la Banda del Pelón, amenizó la velada con una mezcla de estilos entre Estopa y Camela, pero que le daba un sabor de barrio al recinto. De barrio éramos y en el barrio nos reconvertimos…

Y en cuanto a la degustación: muy ricas las albóndigas de chocos; no así las gambas, que no estaban a la altura de Huelva. La guinda de la noche -aparte del propio disfrute en el recinto- fue la copita del vino blanco Mioro en el stand de Bodegas Privilegio del Condado; allí pudimos cambiar impresiones con elegancia, tanto con su encargado como con el gerente de la Bodega allí presente y que nos contó algunas cosas. Esta bodega de Bollullos del Condado -fundada en 1955 en formato de cooperativa- va muy bien encaminada. Acaban de conseguir la denominación de origen para su nuevo tinto. Además su marca Mioro se va consolidando en el mercado, en lugar del anterior vino Privilegio del Condado (que tanto disfrutamos fresquito y en guisos de pescado); el nuevo es más seco, más intenso en boca y más afrutado que el anterior. (Las sesiones de catas nos han servido para algo). Y tengo que comentar el descubrimiento que me ha supuesto el vinagre Botarroble, de esta misma cooperativa, ideal para guisos y aliños.

Esta noche hemos sacado algunas conclusiones: que se necesita una pareja para disfrutar de la gastronomía (porque hay que degustas y comentar), y que lo único que vale en la vida es el proyecto personal, en el que uno crea, independientemente del camino que sigan los demás (gastronomía filosófica que se llama). El ambiente fue la mezcla de los productos de Huelva y de la carpa instalada frente a la Estación del Ave, en una fría noche sevillana. Cayeron dos cervezas para cada uno. Pero el potencial alimentario de Huelva se merece mucho, muchísimo más, solo necesita el apoyo necesario.

Confiamos en que esta iniciativa ascienda de categoría, salga del barrio, crezca en contenido y calidad y se consolide como proyecto en Sevilla. Y aunque dicen que esta ciudad es el principal cliente de Huelva, pienso que la gastronomía onubense es realmente universal, ilimitada.