Los muebles de la cocina se me están quedando pequeños de tanto chisme. Pero todos sirven –unos más que otros- y facilitan el trabajo de la cocina, tanto en ahorro de tiempo como en mejora de la presentación del plato. Además, cada día me puede más la curiosidad sobre la utilidad de estas cosas. Y es que desde que tengo el blog….tengo bastante más tonterías. No me aguanto ni yo misma.

Son tres los nuevos cacharros que han entrado en casa últimamente, y a los que ya he encontrado un hueco en los armarios. ¡Qué remedio!. Paso a describirlos.

Centrifugador de ensalada. Regalo de tía Manoli, que siempre ha tenido de todo en su cocina, aunque ahora necesita cada vez menos porque apenas guisa. Este artilugio de plástico algo voluminoso sirve para secar las verduras de las ensaladas –lechugas, canónigos, romanillas, etc., previamente a su aliño, de una manera higiénica y rápida, pues contiene un cestillo que una vez cerrada la tapadera, se gira con la manivela y escurre la verdura allí colocada.

Escurridor de congelados: Para descongelar carnes o pescados lentamente. Consta de una rejilla flotante, sobre la que colocamos el producto a descongelar, que va soltando agua poco a poco, evitando manchar a su alrededor, sobre todo los entrepaños de la nevera. El líquido queda debajo de la rejilla y el proceso de descongelado se realiza limpia y cómodamente, o como se dice, “se descongela a su amor”. Su forma alargada se adapta a la forma del pescado.

Sartén ecológica.- Esta compra ciertamente no la tenía prevista, pero es que la sartén de tamaño medio que teníamos para plancha estaba de pena, vieja y bastante desequilibrada. Así que me decidí por este artículo de la tienda de productos ecológicos Huerta de San Miguel en Cádiz. Esta sartén no lleva material de teflón, por lo que no produce residuos tóxicos en los asados. Además, su tapadera lleva cierre con la opción con/sin vapor, y sirve también para toda clase de salteados y guisos. Estoy muy orgullosa de esta sartén. Realmente tiene mucho glamour.