Un tal día como hoy hace 213 años murió María Gertrudis Hore y Ley (1742-1801), monja de clausura, la Hija del Sol, antes mujer de buena sociedad, con quien tanto quiero y disfruto de su estilo y su carisma, llegado desde el pasado a este siglo XXI convulso y de supuesto empoderamiento femenino. Era gaditana, como yo. Su poesía romántica nos hace fijar el pensamiento y ralentizar la respiración, llevados a otro tiempo en el que literatura, mundo y clausura fueron compatibles, creo que por ser en Cádiz. Vivió y falleció en el Monasterio de Santa María, construido y fundado sobre una montaña del mismo nombre el 6 de abril de 1527, en tiempos del obispo Jerónimo Theodolo.

El jueves pasado estuve junto a la que fue su casa durante los últimos 22 años de su vida, gracias a la visita de obras organizada por la Asociación de Amigos del Monasterio de Santa María. Allí La Hija del Sol rezó, paseó, sintió, escribió su poesía y compartió platos en comunidad en el refectorio, mientras se leía literatura sagrada. Ahora todo el edificio está en proceso de rehabilitación, según llegue el dinero. Pero yo accedí a lo que fue su espacio en vida.

Durante la visita, en la que solo pudimos fotografiar el claustro mayor, me dediqué a oler, a recorrer con la mirada las paredes, los mosaicos, los bancos de azulejos en semirruina, los polvorientos pasamanos de madera noble que conducían a las habitaciones, y las agrietadas hornacinas en pared pendientes de reparación. Durante el paseo calculé el tiempo que tardarían esas monjas de clausura y María Gertrudis en llegar a sus celdas, y los pasos que cabían en el perímetro del claustro.

Estábamos en pleno barrio de Santa María de Cádiz, en una templada tarde del masificado agosto, y sin embargo, había un silencio impresionante en aquellas dependencias, apartadas del resto de la sociedad. También pensé en la algarabía de los servidores del monasterio, en zonas como el claustro menor o la Casa del Capellán. Hoy muros y columnas están solos.

Visitamos la azotea del monasterio, y yo imaginé cómo fue la tarde en que el rey Carlos IV entró en la ciudad desde el compás cercano; contemplé la estancia que sirvió de mirador hacia calles y tráfico de gentes. Pensé en la presteza de las monjas ante el anuncio de que el soberano entrara al monasterio, corriendo a cubrirse con los velos de las grandes celebraciones, tal como la abadesa les había ordenado. Corría el año de 1796.

Entramos en el coro bajo, desde el que accedimos a la capilla tan frecuentada por los vecinos del barrio. Y busqué el Cristo de la Esperanza, tal vez el inspirador y juez por el que María Gertrudis entró en clausura para redimir su adulterio….

El monasterio de Santa María conserva viviendas del siglo XVI (previo al asalto y destrucción por los angloholandeses), más múltiples añadidos y reformas del XVII y XVIII. Pero el conjunto es austero, luminoso y alegre, tal vez como esta ciudad misma. En el antiguo “patio del olivo”, fijé mis ojos en la fachada frontal, suponiendo que esas dos ventanas acogerían la celda de María Gertrudis.

Hice la visita más que nada por ella, orgullo literario para nuestra ciudad, de mujer, madre, esposa, adúltera por pasión, intelectual, “directiva” del monasterio, traductora, sufridora de conflictos familiares, y amante del amor –humano y divino- . Fui a ver los restos de María Gertrudis, pero sé que sus huesos no descansan en esta cripta inusualmente luminosa. Sí hallé sin embargo su semi-soledad, su espíritu, su pensamiento y sus versos. Ellos me la han traído de nuevo, en toda su esencia gaditana: sonetos, décimas, anacreónticas, endechas y romances….

Tiende ese mantelillo/que de limpio blanquea/ aquí en la tierra, y luego/ de rosquillas llena./Pon también la ensalada, aliñada y compuesta/con la blanca cebolla/y la borraja fresca./El rubí del tomate/y la esmeralda bella,/del pimentillo dulce/ hojitas de pimienta/. Del ámbar del pepino/que nada escasa venga,/y el orégano ostente/fragante competencia….

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Las imágenes corresponden 1)al claustro mayor durante nuestra visita; 2) pintura del interior del monasterio realizado por una monja en el siglo XX; y 3) fotografía de un documento de la tesorería del monasterio, escrito por María Gertrudis, entonces clavera (tesorera) del convento. Estas dos últimas han sido facilitadas por la doctora Frederique Morand, que en la actualidad está realizando su tesis sobre el monasterio de Santa María de Cádiz. Es la mayor experta de la vida y obra de María Gertrudis Hore, la Hija del Sol.

La Asociación de Amigos del Monasterio de Santa María organiza visita a obras de este monasterio, los jueves y sábados, a las 19 horas. Para inscribirse hay que llamar de 9 a 14 horas, al teléfono 622 159 078, y pagar un donativo de 5 euros, que servirá para contribuir a financiar las obras que han de llevarse a cabo en el histórico edificio.

Más información:

http://www.comeencasa.net/2009/06/21/la-hija-del-sol/

http://www.comeencasa.net/2012/02/23/asociacion-de-amigos-del-monasterio-de-santa-maria/

http://www.diariodecadiz.es/article/cadiz/1828271/santa/maria/aspira/ser/espacio/convivan/diferentes/usos.html