La segunda jornada del Fam Trip (viaje de familiarización con un destino turístico) estuvo dedicada a Lebrija y El Cuervo. Como el día anterior, con un grupo de blogueros, comunicadores e instagramers gastronómicos y de viajes. Promovió la actividad la Asociación Adelquivir, Grupo de Desarrollo Rural del Bajo Guadalquivir, en el marco de las Rutas Turísticas y Culturales de las provincias de Cádiz y Sevilla. Patrimonio, Artesanía y Flamenco, acompañados en la organización por Eva Cepero, una garantía en estas actividades.
El desayuno nos entonó el cuerpo a todos, en la cafetería-tienda de pan de Domi Vélez, en Lebrija. Un desayuno colectivo dónde disfrutamos de sus tostadas, molletes, su excelente café de origen y de su tradicional telera (en espera de su sello IGP).
Tocaba conocer Lebrija pura, lo que hicimos en la visita al Centro del Flamenco, un museo que custodia y muestra la historia del cante y el toque lebrijano, homenajeando a sus dinastías flamencas, con sus máximos exponentes El Lebrijano y el actual Dorantes. Interés por aprender las explicaciones del guía y emociones al escuchar grabaciones de quejíos y melodías. Sensibilidad del grupo.
Siguió una visita al patrimonio religioso, con la Iglesia de la Oliva, mudéjar del Siglo XIII, cuyo patio ya enamora. Magnífico retablo mayor de Alonso Cano, que creó tendencias. Joyas en su sacristía.
Un breve paseo por el centro de Lebrija nos condujo a la Casa de la Juventud, un edificio moderno sobre restos romanos que enseñan modos de vida de la historia de Lebrija.
Cambiando de tercio, nos dirigimos a Flores de Lebrija, un inmenso invernadero lleno de colores en dónde nace y crece la flor cortada, un sector pujante cuya actividad no para, dónde nos recibe y explica la familia que lo regenta.
Se acercaba la hora del aperitivo y entramos en una de las bodegas señeras de Lebrija: González Palacios. Flor de Lebrija, Frasquito en rama, Nebris (medalla de oro en 2024), Nebris palomino Fino y Petit Verdot. Un recorrido enológico lleno de salinidad, procedente de la tierra albariza y marismeña. Otro patrimonio lebrijano.
Los vinos nos abrieron el apetito, y almorzamos en otro icono gastronómico local: Venta Luis Rey. Excelente cocina tradicional (puchera, ajo lebrijano, también pescado frito…). Cocina autóctona, honesta y de calidad. Un sitio para recomendar siempre.
En el traslado a El Cuervo, recorrimos a pie el entorno de la Laguna de Los Tollos, que marcaba el camino de la antigua Vía Augusta, un proyecto para avistamiento de aves migratorias hacia África, dónde hubo explotaciones mineras, el tercero en tamaño en Andalucía.
Y ya en el Parque Rocío de la Cámara, comprobamos su adaptación al visitante, con merenderos, caminos y la ermita a la Virgen del Rosario. Todo ello le ofrece una magia especial. Naturaleza y tradición de romerías.
Faltaba por entrar en la Casa de Postas, en El Cuervo, un edificio-albergue de viajeros, incluso nobles, del siglo XVII, que conserva su patio original. Alrededor, en algunas de sus dependencias, hay aulas de formación, una excelente biblioteca pública, y en el exterior, un magnífico teatro.
Y el fin de fiesta gastronómico fue la merienda con el bizcocho del Horno Santa Margarita (desde 1942), de formato tarta redonda, y del que dimos buena cuenta luego en nuestras casas.
Un inolvidable recorrido por una zona rica en naturaleza, folklore, arte y patrimonio rural e industrial, y dónde el emprendimiento está siempre presente.
Gracias por la organización!









