No paran de llevarse a cabo estudios sobre desperdicio alimentario. El último que he leído es el referido a Australia, en dónde se pierden al año casi 10.000 millones de dólares en alimentos. Exceso de comida comprada por los consumidores, no aprovechar las sobras de alimentos y no considerar las fechas de consumo preferente o caducidad son las causas señaladas. El informe lo ha realizado Rabobank, multinacional holandesa. Aquí no se incluye el desperdicio alimentario desde el campo a la mesa de los consumidores, más propio de países en desarrollo.

Según el estudio, los consumidores australianos tiran semanalmente el 14% de sus compras de alimentos, que se calcula en un coste de más de 1.000 dólares/año/persona. Al parecer, llevan muy a rajatabla el tema de la caducidad de los alimentos y por ello los desechan sin contemplaciones. No obstante, Australia es una referencia en la lucha contra el despilfarro alimentario, junto a otros países desarrollados como Francia.

El exceso en las compras se da en consumidores con alto nivel de renta, una cuestión fácil de arreglar, simplemente con la voluntad de ir ajustando necesidad y gestión, evitando así el derroche. La llamada compra con fundamento, evitando esas ofertas que a veces son poco aprovechables para una casa de familia de pocos miembros.

No obstante, en este lugar del mundo también hay desigualdades, según indican diversas organizaciones humanitarias y los bancos de alimentos. (un 15% de la población de Australia tiene graves problemas económicos). Se calcula que han aumentado un 10% las personas que buscan ayuda para poder comer, que no siempre encuentran. Ello les lleva a veces a no pagar sus facturas para poder destinar recursos a su alimentación (paro, enfermedad, etc.).

La conclusión es el consejo de la concienciación para reducir la cantidad de comida que va a la basura, que supone además el despilfarro de otros factores como trabajo, energía, agua, etc, y que es totalmente innecesario.

Se trata pues de:

Cumplir con una lista de compra ajustada, lo que significa organización y planificación. Hay que ponerse.

Aprovechar las sobras, mediante técnicas culinarias adecuadas para este aprovechamiento. Con voluntad.

No almacenar comida en exceso, racionalizando las existencias de alimentos frescos y la congelación de los excedentes. Y

Controlar la despensa, gestionando las entradas y salidas de los alimentos según antigüedad. La cocina y su entorno necesita una atención y un control constantes.

Al parecer, son los habitantes de grandes ciudades los que más desperdician, tal vez por su forma de vida y horarios.

El estudio sobre el despilfarro alimentario en Australia es perfectamente extrapolable a cualquier parte del mundo más o menos desarrollado, porque además está el factor desigualdad social, que demuestra la necesidad de una redistribución de alimentos desde el mercado a otros ámbitos como son la hostelería y los centros colectivos.

Urge pues ponernos a realizar algunos cambios de hábitos de nuestra rutina alimentaria y cocinera, es decir, mejorar la educación del consumidor. Así ganaremos todos.

Y para ello, también es imprescindible SABER COCINAR.

 

Fuente: Gastronomía y Cía