El pasado viernes dia 10 se celebró la entrega de diplomas a los asistentes a los talleres de cocina del curso 2012-2013. Desde octubre a mayo, han sido medio centenar de alumnos de diferentes edades los que han participado en esta formación, distribuidos en tres grupos. El acto tuvo lugar en la sede de la congregación religiosa María Inmaculada, en Sevilla, entidad que nos cede sus magníficas instalaciones. Junto al diploma, los alumnos recibieron un ejemplar del libro “los Lunes, Lentejas, editado por la Fundación Cajasol.

El balance de la cocina –con clases de dos horas cada una- ha sido de lo más fructífero. Unas treinta recetas se han elaborado, con su explicación paso por paso, y con su inevitable degustación. Arroces, pucheros, pescados al horno, pasteles de verduras, potajes, pistos….. todo eso se ha hecho en Cocinando Tu Futuro 2012-2013.

A lo largo de cada curso, se ha seguido el programa propuesto de recetas a realizar, con pequeñas variaciones. Es cierto que aquí no solo aprenden los alumnos, también las monitoras tenemos la oportunidad de conocer otras formas de hacer cada plato. Está claro que allí todos nos enriquecemos.

También –en cada grupo- se ha dedicado un dia a elaborar postres, siempre al final, como aliciente del trabajo realizado, pues nuestro objetivo es que primero hay que aprender a guisar las recetas básicas.

Pero lo mejor de todo –nuevamente- ha sido la gran experiencia humana vivida durante las clases: la puesta en común de reflexiones y el debate sobre las diferentes formas de ver la vida de cada uno. La cocina siempre lleva a un gran intercambio de experiencias a través del pensamiento humano.

Gracias a la Hermana Josefina, gracias a Charo Guzmán, Ana Martínez, Pilar Diaz y Rocío Berdús. Sin ella esto no habría sido posible. Y gracias a todos nuestros alumnos, que han demostrado interés por aprender y por vivir una vida mejor.

Y gracias a Sonia, que tuvo su bebé durante el curso –perdiendo solo una clase- y a Fatima y Jamila, musulmanas, a las que he cogido mucho cariño. Ellas no pueden tomar vino, pero saben que nuestra cocina lo utiliza para mejorar sus sabores. Limitaciones religiosas aparte, hemos disfrutado en la cocina y nos hemos entendido perfectamente. Y gracias también a José Manuel, por haber sufrido con paciencia mis fallos culinarios del último dia de clase (nadie es perfecto). Y muchísimas gracias a la Fundación Cajasol, que nos ha permitido desarrollar este pequeño pero bello sueño de enseñar nuestra cocina más honesta, la de casa.

Solo espero que todos encuentren trabajo a través de la cocina.