Hoy hemos almorzado en uno de los chiringuitos más interesantes y profesionales de la playa de Cádiz, el Nahu Beach, perteneciente al Grupo Arsenio Manila, que es un referente en la hostelería de la ciudad. Tras el verano, este establecimiento reduce su horario a las comidas del mediodía, pero sigue dando el mismo servicio.
Nahu Beach se encuentra en la playa de Cortadura, en las afueras, con lo cual, tras bajar de la última parada del autobús, hay que seguir andando durante diez minutos por el camino junto a las dunas. Y la alternativa de ir en coche es complicada en los fines de semana de verano, porque no encuentras dónde dejarlo. Pero lo normal es acceder al chiringuito desde la misma playa, dónde has pasado la mañana y acabas de darte un baño.
Estos restaurantes playeros tienen su propio interés y atractivo: en ellos cuenta la decoración, la temperatura bajo la sombra de toldo o cañas, las vistas al mar y la arena, y el sencillo encanto que tiene beberte una cerveza muy fría oyendo las olas. Además, en esta ocasión, disfrutamos de una suave brisa, para la felicidad completa. Y, por supuesto, ni una mesa libre, todo reservado.
Con una carta llena de propuestas yo diría que de cocina moderna, con platos especiados a lo asiático la mayoría, allí se ofrece una gran variedad de carnes y pescados, para ofrecer a todo tipo de clientes. Nosotros no pertenecemos a ese grupo, y somos todavía muy clásicos a la hora de comer.
Por ser dos, procuramos pedir lo justo para poder llegar al postre. Desde hace mucho tiempo somos clientes de la casa madre del Grupo Arsenio Manila, el restaurante del Paseo Marítimo, en el que siempre hemos salido contentos, al igual que todo aquel a quien se lo hemos recomendado.
Del conjunto de platos pedidos, destacamos los boquerones fritos (un plato típico de un chiringuito playero), y sobre todo las croquetas de gambón en panko con emulsión de gambas, receta viene de lejos en la cocina del Grupo y que sigue siendo magnífica.
En resumen, disfrute de un lugar especial de verano, comer rodeado de familias con niños y mayores, varias parejas y mucho trasiego de camareros, todos muy amables, por cierto.
Y la vuelta a casa también fue diez minutos de paseo y llegar a la parada del bus. Pero íbamos contentos.









