No falla. Varios años reservando en agosto –con tiempo- para comer en la Venta Melchor con nuestro hijo y su familia (incluyendo trona infantil). El establecimiento continúa con su buena imagen de decoración y distribución, con Petri Benitez al frente del equipo de cocina y Juan Carlos Almazo en la gestión de la sala. Entrar en la Venta es dar por sentado que disfrutaremos nuevamente ante platos antiguos y versiones nuevas de los mejores productos de la zona, elaborados con una asombrosa técnica casera.
Varios platos comenzaron a llegar a nuestra mesa en diferentes raciones: riquísimas papas aliñás, tartar de atún exquisito (como siempre), tiraditos de atún con pistachos y sésamo (geniales de nuevo), todo con su mejor punto y temperatura, que esta es la gran cualidad de la Venta Melchor.
Siguiendo con platos clásicos, llegó la ensalada de pimientos asados de Conil con atún de almadraba en suave escabeche (esto también lo domina la cocina de Petri).
Las gambas de cristal con huevos estrellados –de estreno para nosotros- estaban espectaculares: suaves, crujientes y bien integradas con el huevo roto dejando un sabor de boca inolvidable. Fue mi sorpresa.
Nunca dejamos de pedir las croquetas de la casa, en este caso de borriquetes, a las que pondría unos pocos de signos de interrogación. Y por seguir la experiencia, probamos las pavías de bacalao fresco, fritura excepcional.
Alguien en la mesa pidió también calamares rellenos de marisco al vino Arrumbaó y morrillo de atún con pisto. Platos increíbles que sólo llevan productos de la zona, eso sí, elevados a la máxima puntuación.
Ah! Y olvidaba incluir el medio lomo de corvina con patatas fritas de verdad que se zampó nuestra nieta de tres años. Y tengo que hablar también de las sardinas marinadas que pedí a título individual que tanto que me gustan. ¡Qué exquisitez!.
Ya quedaba el postre, que sólo pedimos tres: el helado casero de vainilla, el flan de pistachos y la tarta de queso fresco de El Gazul, con confituras de fruta de temporada. Un gran escaparate de elaboraciones frías y llenas de verdades naturales, como el slogan de la cocina de la Venta Melchor.
La Venta Melchor, un clásico de nuestro verano.









