Bueno, y también está el desconocimiento, la ignorancia sobre alimentos y técnicas culinarias, que también influyen lo suyo. En la última revista -julio/agosto 2026- de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), se dedica un artículo a los alimentos ultraprocesados, cada vez más presentes en nuestra alimentación diaria… por comodidad, rapidez y precio competitivo. Pero el coste de consumirlos es nuestra salud.
Mi madre siempre decía que el sueldo de mi padre se le iba en comer… (bueno, éramos seis en casa).
El reportaje de OCU recuerda cómo ha cambiado el sentido de comer en los hogares, pasando de ser un tiempo de encuentro y disfrute común con unos alimentos recién preparados en casa sobre la mesa, a convertirse en el objetivo de comer rápido, como un trámite, para dedicarnos a otras actividades. Para ello se compran cosas preparadas en los supermercados o se piden para entregar en casa. Y así cada vez comemos más ultraprocesados, cuyo consumo -insano- se ha triplicado desde la crisis del coronavirus. El cambio en el modo de comer va paralelo a nuestro modo de vivir en los últimos 30 años.
Horarios laborales no coincidentes en los hogares, búsqueda de tiempo libre, o más familias monoparentales, hacen que cocinar en casa vaya perdiendo interés, como si fuera perder el tiempo. Por ello, nos estamos acostumbrando a abrir, calentar y comer, más barato además, dada la subida de la cesta de la compra. Comer de forma saludable supone un sobrecoste del 20% según estudio de la OCU. Entre prisas, cansancio y presupuesto, la dieta mediterránea o sana pierde espacio.
Los ultraprocesados son poco saludables, pero cómodos, rápidos y más baratos. Muchos aditivos y baja calidad nutricional. Suponen un desconocimiento culinario y un riesgo para la salud.
Para distinguir un ultraprocesado, ver lista de ingredientes, muchos y poco habituales (jarabes, almidones, etc.). Aditivos y aromas para maquillar sabor, color o textura. Listos para comer o calentar, y con mayor vida útil y un sabor atractivo.
Pero los estudios científicos relacionan el consumo habitual de ultraprocesados con diversos problemas de salud: obesidad, diabetes tipo 2, depresión, enfermedades cardiovasculares y cáncer colorrectal o incluso problemas respiratorios. A mayor presencia en la dieta, mayor riesgo. Y posibles efectos sobre la macrobiota intestinal. Es necesario reducir su consumo.
GRUPOS DE ALIMENTOS ULTRAPROCESADOS:
1.-BEBIDAS AZUCARADAS Y ENERGÉTICAS: refrescos, bebidas deportivas, energéticas, tés o cafés azucarados, zumos industriales, etc. Llevan azúcares de rápida absorción y exceso de calorías.
2.-HARINAS Y DULCES: bollería industrial, galletas, cereales de desayuno azucarados, barritas dulces, etc. Mejor consumir repostería casera o chocolate negro.
3.-CARNES PROCESADAS: salchichas, fiambres, embutidos grasos o rebozados industriales. Son poco nutritivos, y su consumo frecuente se asocia a riesgo de infartos, ictus y diabetes 2. Mejor consumir versiones cárnicas extra o embutidos ibéricos.
Y, por último, OCU explica la diferencia entre
Procesado: sometido a técnicas sencillas, para su mejor conservación o fácil consumo, pero mantiene la calidad nutricional del alimento original. (Congelación, pasteurización, cocción, fermentación, enlatado, triturado o prensado). Con azúcar o aceite para su conservación, sigue siendo reconocible y conserva sus características.
El ultraprocesado es un producto industrial con ingredientes refinados, aditivos, colorantes, aromas, grasas, etc., diseñados para resultar más apetecible y listo para consumir.
¿SE PUEDE VIVIR SIN ULTRAPROCESADOS? Consumiendo productos frescos, vegetales, legumbres, frutas o frutos secos. En contra, hay menor variedad y mayor precio, algo que no todo el mundo puede permitirse.









