Este fin de semana (viernes y sábado) ha tenido lugar –como ya avisé por aquí-  el I Festival de los Caracoles de Sevilla, con el nombre de Caracolia, un escaparate de la muestra de una de las tapas más tradicionales de la provincia sevillana, que ha contado con trece establecimientos, instalados en el Paseo Marqués de Contadero, junto al río Guadalquivir. La idea de celebrar este homenaje a la cocina del caracol ha partido de la Asociación de Hosteleros de Sevilla y de la Academia Sevillana de Gastronomía y Turismo, a la que pertenezco, junto al apoyo del Ayuntamiento de Sevilla (Sevilla City Office).

Desde media hora antes de la apertura al público del recinto, ya había formadas largas colas de visitantes, que luego fueron llenando el lugar con el vasito de caracoles y la caña de cerveza. Los trece establecimientos participantes en Caracolia -9 de la capital y 4 de la provincia- concursaban para elegir el mejor plato de caracoles (el viernes) y las mejores cabrillas (el sábado). Todo ello bajo la mirada de un jurado de expertos, entre los que han estado varios de mis compañeros de Academia.

Los parámetros valorados en las distintas elaboraciones de caracoles y cabrillas han sido: sabor, textura, calibre, homogeneidad de éste, gusto de la salsa, el engañado y la aparición de conchas rotas en la salsa. 

Al pregón llegué por casualidad, porque estaba previsto que lo diera el presidente de la Academia, y con el cambio de fecha por la lluvia no pudo asistir. El caso es que me vi como pregonera, adaptando mínimamente el guión preparado por mi presidente, y con una bolsita de especias de caracoles en la solapa como insignia característica del acto, junto al pin de la Academia.

Una canción infantil cantada al comenzar (Caracol, col col, saca los cuernos al sol….. ), algunos recuerdos, la cita a personajes históricos que fueron adictos a los caracoles, así como alguna poesía e incluso refranes, más el saludo a los trece quioscos participantes, dieron contenido a este manifiesto caracolero que alcanzó gran éxito de público y de encuentros familiares. Un evento que debería permanecer, porque tiene una bonita y larga historia detrás en Sevilla y provincia.

Y me gustaría terminar con la última reflexión del pregón (obra de Julio Moreno Ventas, presidente de la Academia Sevillana de Gastronomía y Turismo:

“La intrigante placidez del lento paso de un caracol es realmente pacífica. Aprendamos de esa tranquilidad para que nuestro mundo y nuestra sociedad se pacifique. Que sepamos terner la perseverancia y la no prisa del caracol y dejemos un buen rastro, como él hace”

Y luego vino eso de “¡Vivan los caracoles!”.

Un gran éxito el de Caracolia.