En los últimos años he renovado –tras décadas de uso- mis dos baterías de cocina (de Cádiz y Sevilla). Aproveché las rebajas de verano y me hice con unos utensilios de buena calidad, pues la cocina no se merece menos. Pero ambos juegos de cacharros tenían la misma deficiencia: venían sin  hervidor. 

Según información de la vendedora, este recipiente se usa cada vez menos, apenas se fabrica y, simplemente ha dejado de incluirse en las baterías de cocina modernas. ¡Increíble!, pensé. Si yo lo he venido utilizando constantemente para cocer verduras, escaldar tomates, calentar caldos y otros líquidos… porque se trata de un cacharro fácil de limpiar, con el tamaño justo para pequeñas cantidades. Durante mucho tiempo en las cocinas se hervía en él la leche, cuando se compraba fresca y recién ordeñada. Pero esos eran otros tiempos…

En fin, lo que quería contar es que esta tarde, en un centro comercial, en una tienda de pequeños electrodomésticos, lo hemos encontrado: un hervidor al estilo tradicional, brillante y bien puesto, de una excelente y famosa marca. Lleva un pico incorporado en el borde, a modo de jarra para mejor servir. Por fin, me hago con un buen hervidor, un utensilio fundamental en la cocina, sobre todo cuando somos pocos de familia.

Dicen que el microondas ha sustituido a estos hervidores, sobre todo para pequeños volúmenes de líquidos. 

Mi hervidor empezó ayer mismo a trabajar con nosotros. En él terminamos una sopa de coliflor calentita para la cena. Se ha incorporado al equipo de trabajo de nuestra cocina; digan lo que digan, ya es de plantilla. Personalmente estoy dispuesta a hacer campaña en su favor. A ver si alguien más se une…