Nuestras adicciones gastronómico-hosteleras nos llevan a buscar nuevos sitios, dónde descubrir y disfrutar de sabores nuevos o antiguos y, si procede, contárselo a quienes tengan la amabilidad de leernos después, en el blog. Y a veces la alegría nos llega por lo más simple, si bien no de cualquier manera, que el saber hacer y la profesionalidad sirven para algo.

Días atrás habíamos tapeado de noche en un sitio céntrico de Sevilla –muy moderno y estiloso y con pretensiones- pero salimos descontentos al comprobar que las tapas no tenían sabor ni fundamento, y que el servicio tardaba más de la cuenta. He aquí que a los pocos días probamos en un sitio tradicional (creo que cumplió sus primeros 50 años), y que a las 20.40 de la noche ya estaba abierto y la cocina echando humo. Nos disponíamos a un tapeo a modo de cena, siendo ya de noche: después de muchos años, regreso a BLANCO CERRILLO, el bar de la calle José de Velilla.

Aunque tiene unas pocas mesas en terraza, su decoración continúa igual en el interior. Mismos carteles, mismas fotos enmarcadas, la puerta con celosía de la cocina, y el mismo mostrador. Y ¡oh! Sorpresa, el camarero está pendiente de ti en cuanto entras.

Las cervezas llegaron pronto (perfectamente “tiradas”), y era cuestión de ver la carta (tapas y raciones). Decidimos pedir el adobo, en este caso de boquerones, además de la ensaladilla, la pavía de bacalao y la tortilla de patatas. Todo ello de pie en mesas altas. 

Pero la rapidez, la celeridad y la aplicación del servicio nos conquistaron. Antes de un minuto del encargo ya estaba todo pendiente de recoger en el mostrador. Tapas servidas en los platitos llamados “conchas”, con sus piquitos pinchados. Fue el deseo del tapeo ligero de una pareja que quiere cenar poco, pero que no renuncia al disfrute de un bar atento y eficaz, con productos de verdad.

Vuelta al modelo tradicional en la hostelería. Cuando se encuentra uno con este modo de servir y de atender, lo normal es sentir admiración por un modo de trabajar, en el que el cliente no puede tener ninguna queja.