A 5 kilómetros de Medina Sidonia (Cádiz) se encuentra “Los Badalejos”, una pedanía rural, en la que una recomendación nos llevó a la Venta “El Casarón”, un establecimiento abierto en 1996, por los socios Pedro Cepero y Enrique Torres. Varios amigos de Facebook han pasado por allí y han dejado sus comentarios positivos. 

El edificio es de piedra –muros y suelo- y tejado de caña. La decoración interior es a la antigua usanza, con un comedor y dos terrazas (una dentro y otra en la entrada). Abren de viernes a domingo al mediodía. El nombre le viene de haber sido la última casa vieja de la zona, sobre la que construye esta venta.

Su cocina es muy contundente, con platos tradicionales y algunos con guiños exóticos. Pero la materia prima es propia, normalmente traída del huerto trasero, que además de toda clase de hortalizas alberga una granja con animales.

Sofritos, guisos, gazpachos, croquetas, albóndigas, patatas fritas de verdad, un buen pan, y unas excelentes empanadas, son la tarjeta de presentación de esta venta que llena sus mesas y su aparcamiento con los vehículos de los clientes.

Unas berenjenas aliñadas inauguran los entrantes con las primeras cervezas. Las empanadas de la casa llevan un sofrito y unas sardinas marinadas. Hoy tenían un gazpacho con sandía y un buen repertorio de guarnición. Las empanadillas de crema de bacalao están espectaculares. Probamos también las croquetas de pollo, muy especiadas eso sí. Pedimos también media ración de albóndigas de la casa que traen su fritada de papas en condiciones y para rematar, el pollo a la mora, un animal de la casa hábilmente condimentado. Los postres, riquísimos (amaretto, tocino de cielo con bizcocho al PX y mousse de café, todo de la casa (Recomendamos probar un surtido). Tienen tintos gaditanos.

Curiosamente, este modelo de restaurante con huerto incorporado es el último grito en los negocios de los chefs Estrellas Michelín. Aquí, de un modo cotidiano, se da este formato consiguiendo platos ricos del mejor origen.

El Casarón es una venta en toda la extensión de la palabra: mantel de papel, platos sin decoración, hule sobre la mesa como protección, unas sillas de madera real, la chimenea en el salón y el atractivo del terreno trasero a modo de pequeña finca para autoconsumo.

Las ventas siempre tienen amabilidad y buena acogida para el visitante y, afortunadamente, siguen cocinando de modo honesto nuestros platos más tradicionales. Con estas ventas parece reconciliarse uno con el mundo rural,  además de disfrutar comiendo. 

Y para finalizar, agradecer la visita guiada por el huerto, cortesía de Pedro, uno de sus propietarios.