Son productos alimenticios que nos cuelan y que con frecuencia hemos consentido y aceptado sin más, comprándolos frecuentemente. Y yo citaría a productos cuya calidad en contenido nutricional es discutible, como el queso en lonchas, el queso en porciones, el tomate frito, las patas de cangrejo o surimi, el jamón cocido y algunos más. Son las cosas que veo en los supermercados y que no logro identificar, porque además todos llevan un envasado un tanto difícil de descifrar. A lo mejor es que me estoy quedando desfasada. 

Los pides y los comes, pero estos alimentos no existen”, es la frase con la que empieza el artículo de Eroski Consumer y que intento resumir a continuación.  Y el caso es que los compramos, los tenemos siempre a mano en la nevera y contamos con ellos en nuestras comidas, pero en realidad no son lo que dicen ser. El artículo también incluye otros conceptos alimentarios imaginarios como el café con leche de soja, o aceite de coco virgen extra (esto es imposible). 

Son producto de la evolución de la industria alimentaria, cuyo lenguaje entra en nuestro vocabulario cotidiano, haciéndolo creíble y lógico. La verdad es que su existencia me inquieta y además, son prueba indiscutible de que cada vez se cocina menos. 

El jamón de York, que no existe: de hecho en la legislación que regula la comercialización de derivados cárnicos no incluye esta definición. Más bien sería jamón cocido, que además se vende en diferentes calidades, según cantidad de cerdo empleada; y que además no debería llevar harinas u otros añadidos, conteniendo exclusivamente pierna de cerdo. A mí personalmente solo me convencen dos o tres marcas, (que llevan indicada categoría extra, con menos azúcares y agua y sin proteínas añadidas).

El chocolate ‘negro’, que tampoco dice el artículo señalado. Ese nombre no existe. De hecho, se están refiriendo al chocolate con más de 70% de cacao, en cuya etiqueta no aparece el azúcar por delante de la manteca de cacao, la leche y el cacao.

¿Leches vegetales? es que no hay: la norma de la FAO lo dice muy claro, «solo los que procedan de la secreción mamaria de animales lecheros son leche». Luego la soja, el arroz o la avena no deberían llamarse así (leche, nata, mantequilla, queso o yogur). Y hay una excepción, la “leche de almendras”, cuyo nombre se ha consolidado en España por tradición de años.

Por tanto, estas bebidas no serán nunca un sustituto nutricional de lácteos, si bien podrían ser alternativa para quien decidió no consumir leche o tenga problemas de salud como intolerancias. Para colmo, estas mal llamadas “leches vegetales” suelen llevar galletas, bollería y azúcar, etc.

No todos los productos lácteos en vasitos son yogures, aunque lo parezcan: sino solo «el producto de leche coagulada obtenido por fermentación láctica mediante la acción de Lactobacillus delbrueckii subspecie bulgaricus y Streptococcus thermophilus”, que en cada caso proceda. De lo contrario, no podrán llamarse yogur, sino otros derivados lácteos. Dice el artículo que un yogur es mejor cuantos menos ingredientes tiene (por ejemplo, leche y fermentos lácteos). Todo lo que se le añada, es poco interesante nutricionalmente.

Aceite de coco virgen extra: nunca existió, puesto que esta calificación solo se refiere al aceite de oliva virgen, que además es un producto de calidad superior. Ningún otro aceite puede llevar estas expresiones. El aceite de oliva virgen extra sigue siendo la mejor opción nutricional, al margen de otras modas o preferencias.

El paté no siempre es ‘foie gras’, ojalá: que debería proceder “del hígado de oca o de pato de las especies Cairina moschata o Cairina moschata x Anas platyrhynchos”. Otros productos de parecida apariencia serán los patés, elaborado con carne o hígado con otros añadidos e ingredientes y aditivos. Para llamarse foie, según ley, deberán incluir más del 50% de hígado graso de pato u oca.

Foie gras o patés son derivados cárnicos cuyo consumo deberíamos limitar o evitar, según indica el artículo.  Llevan mucha sal y grasa. Y hay otras alternativas para untar como son las cremas de garbanzos, olivas, berenjenas, frutos secos, o de pescado. En todos ellos hay que mirar la etiqueta.

Un artículo interesante y necesario de Eroski Consumer, siempre recogiendo las inquietudes, valores y defectos del mundo de la alimentación, en esta ocasión de la mano del conocido y eficaz nutricionista Juan Revenga, autor de l libro «Adelgázame, miénteme», imprescindible.

Y por supuesto, creo que podríamos incluir algunos productos, que no alimentos, que también podrían considerarse «fantasmas», es cuestión de ponerse a buscar.