Llega el invierno, mengua la luz solar y aparecen las lógicas lluvias, con la consiguiente humedad en el ambiente, y se hace difícil secar la ropa sin la ayuda de una secadora o lavadora-secadora. Tengo entendido que en la mayoría de los países de Europa los apartamentos no traen lavadora, sino que la gente lleva a secar su colada a uno de esos locales colectivos de lavado y secado.

Pero yo soy gaditana, y en mi tierra siempre ha sido muy difícil secar la ropa por el alto porcentaje de humedad que nos traía siempre el invierno y el agua, o el verano, en sus noches de poniente. Así que, en mi casa siempre nos hemos buscado la vida para conseguir secar la ropa. Y mi madre me enseñó.

Por ello, voy a dar algunas indicaciones, partiendo del supuesto de no contar con azotea o de que está lloviendo, y mientras caiga agua es imposible que se nos seque la ropa aunque no se nos moje directamente, pues la humedad del ambiente es mayor que la de la ropa.

Las sábanas –de todas las medidas- se secan perfectamente extendidas sobre una mesa (mejor si ésta tiene un cristal, para que no se moje la madera), dejando la puerta de la terraza o de una ventana abierta toda la noche, y lo ideal es que haya corriente de aire entrante y saliente.

Las camisas y camisetas van muy bien colocadas en perchas y colgadas de cualquier sitio como un tendedero, la llave de la puerta de un mueble, incluso en lo alto del marco de una puerta, o del armazón de una pantalla de lámpara. La percha impedirá que se deformen y facilitará su planchado posterior.

Los vestidos y batas deben colgarse de una percha y suspenderse de una barra, de un picaporte alto o de cualquier otro sitio que permita recibir el aire, como la barra de la ducha o cualquier percha del cuarto de baño, dejando la ventana abierta.

Paños de cocina, pantalones, calcetines, medias, todo ello pueden dejarse tendidos con sus pinzas en un tendedero de pie, dentro del salón o de una de las habitaciones.

Un factor importante es que si en nuestro hogar dejamos puesta la calefacción, el ambiente seco y cálido nos secará la ropa fácilmente.

Eso sí, en la medida que se pueda, es conveniente que dejemos entrar el aire en casa para que la humedad no se quede dentro del hogar durante el secado.

Y en cuanto a las toallas, son éstas las más difíciles de secar en casa, sobre todo las de baño por la gran proporción de algodón que llevan. Igual ocurre con la ropa interior.

Secar la ropa en casa supone primero saberla tender y segundo ir recolocando la ropa que va quedando, una vez se recoja y doble la primera que se seque. Es una operación larga pero eficaz.

Las noches son los mejores momentos para secar nuestra ropa, dejándola tendida en nuestros tendederos de pie extensibles o bien durante las mañanas, cuando salimos a trabajar.

Una estupenda opción es secar la ropa debajo de la falda camilla cuando tenemos encendido un calentador. Ya que consumimos energía es un modo de recuperar el gasto.

Y por último, recomiendo la lavadora-secadora, un electrodoméstico producto de ambas funciones, que permite secar lo imprescindible como son las toallas y la ropa interior. Es sin duda una gran ayuda en casa y tampoco gasta tanta energía como la secadora para todos los lavados.

En resumen, soy partidaria de lavar y secar la ropa en casa (en interior o exterior según se pueda), porque conserva nuestro perfume propio y es más barato, salvo excepciones de imprevistos u otras dificultades que a todos nos pueden llegar.

La ropa hay que cuidarla lavándola bien y planchándola para que nos dure. Y ojo a las temperaturas de lavado: (toallas y ropa interior a 60º, sábanas y paños de cocina a 40º, trapos de limpieza a 60º y el resto a 30º).

Espero que esto te haya sido interesante.