Con tanta oferta de alimentos venidos de todos sitios, uno no está seguro de lo que es de aquí mismamente. Mucho se habla de alimentos de temporada, de productos de mercado, pero a la hora de la verdad compramos sin saber exactamente el origen de lo que luego vamos a consumir. Y deberíamos preguntarlo.

En mi frutería habitual me recibieron con ese cajón lleno de níscalos recién llegados, que daban gloria. Esta tienda es mi proveedor más frecuente. Dos veces en semana tengo que visitarlo. Otros suministradores, pescadero, panadero y carnicero se quedan curiosamente atrás en importe de compra, y mira que voy a los más selectos. Está claro que en casa apostamos por lo vegetal. Creo que eso es bueno.

Ya está todo el repertorio de otoño en la frutería: para empezar, las setas de temporada que siempre despiertan admiración entre el público particular y hostelero, por sus mil y una maneras de prepararse. Pero en las estanterías cercanas ya están colocados las habas, los guisantes, algunas alcachofas, las judías verdes brasileñas, las calabazas de violín y algunos tomates tardíos que intentan congraciarse con nuestra dieta, si bien ya no están en su mejor momento. Pero también hay tomates de variedades especiales: kumatos, azules, rosados…

Igualmente, las frutas muestran sus mejores facetas: granadas de la costa tropical granadina, naranjas de mesa sevillanas, peras de agua eternas, alegres mandarinas de temporada y los plátanos canarios que siempre están de guardia. Y no me olvido de las manzanas de La Rioja, jugosas y fáciles de morder, espectaculares.

Todo ello, junto a las verduras de siempre: puerros, apios, zanahorias, calabacines, berenjenas, espinacas baby, coliflores, brócoli, frutas del bosque (frambuesas, arándanos), tomatitos cherrys, aguacates granadinos….un espectáculo de color para disfrutar. Y en su sitio de siempre, las patatas de Sanlúcar, soltando arena de playa. Y en una caja aparte, los queridos boniatos de otoño.

Una compra de lujo, un encuentro con la distribución frutera y verdulera, que a veces trae alguna pieza exótica, de algo que ya se produce en España y que el frutero, Faustino, enseña con aplicación al cliente. Un espacio con todos los matices habidos y por haber, esperando nuestra elección. Y una estantería aparte, se exhiben las aceitunas de mesa sevillanas, los frutos secos, algunas legumbres, aceite de oliva virgen extra de la provincia y algunas verduras en conservas, para los imprevistos.

Una suerte poder comprar a nuestro gusto todos estos alimentos. Esta mercancía no es objeto de trámite, es una decisión política, artística y nutricional. Nos va la salud en ella. Los mercados de abastos y algunas fruterías como la que visito en Sevilla, son monumentos a la naturaleza domesticada, adaptada a nuestras necesidades. Y, viendo como en cuantas opciones y variedades se presentan, uno se siente tranquilo.

Una frutería, una pescadería, una librería y alguna tienda de ropa, mis lugares favoritos.

La frutería está en calle Baños, 5, Sevilla.