He intercambiado algunos artículos con mi amiga Ester, pediatra en un Centro de Salud de Sanidad Pública. Le envié varias noticias que había recopilado sobre el problema de la obesidad infantil, y ella me hizo llegar otros tantos artículos escritos desde las trincheras médicas. Intentaré fusionar toda esta información que llega de las mejores fuentes, pero de momento resumiré lo que en un interesante editorial expresa el doctor Casabona Monterde, pediatra, bajo el título “Nutrición infantil adecuada: un reto para profesionales, padres y sociedad”.

El llamado EPI (exceso de peso infantil) es uno de los problemas más frustrantes para los especialistas en pediatría, según indica el autor, causado por la malnutrición por exceso, y en el que influyen diversos factores sociales, políticos y estructurales. Y un problema que llega con mucha frecuencia al consultorio de Atención Primaria.

Casabona expresa su deseo de trabajar conjuntamente con dietistas/nutricionistas para hacer frente a esta otra pandemia, habida cuenta que España es el país con más tasa de obesidad de Europa, estimándose que el EPI alcanza ya al 40% de la población infantil, y siendo origen de múltiples enfermedades físicas y psíquicas en la infancia.

Al parecer los padres de hijos con sobrepeso los ven más delgados de lo que en realidad son, cuando la Organización Mundial de la Salud es quien establece las pautas de peso adecuado.

Pero denuncia la escasa regulación de la publicidad de alimentos no saludables dirigida a menores, emitida además en horario infantil y en la que se anuncian alimentos envasados como saludables cuando en realidad no lo son ni por asomo.

Otro factor que influye en esta situación es la llamada hambre emocional, es decir, el consumir alimentos superfluos para calmar ansiedades por conflictos familiares o falta de autoestima en el niño.  En este apartado, el niño acude compulsivamente a estos productos de sabor adictivo con muchas calorías y pocos nutrientes.

Según el activo pediatra, curiosamente se sigue de modo exhaustivo la evolución del peso del recién nacido mientras se alimenta de la leche materna, y a veces se pasa prematuramente a un suplemento de biberón, cuando lo ideal sería mantener un mínimo de seis meses a base exclusiva de lactancia materna.

Para el autor es fundamental una educación nutricional de los niños a los 4-6 años, así como mantener el cuidado del horario del sueño, como modo de contribuir a su equilibrio físico y emocional.  Declara que la obesidad en la adolescencia es muy difícil de arreglar, llegando el niño con ese exceso de peso a la edad adulta. 

Para colmo, el EPI se está convirtiendo en un serio problema de las clases más desfavorecidas, por diferentes motivos.

De ahí que los pediatras estén seriamente comprometidos para luchar contra la obesidad infantil, sabedores de que el problema en los niños desembocará en adultos obesos y por tanto en candidatos a sufrir graves enfermedades metabólicas y vasculares.